Libros encadenados

Esta tarde he podido leer un interesante artículo de ABC al que he llegado gracias a mi amiga Ana. Se titula Libros infinitos. Me ha gustado especialmente porque mencionan algunos de los libros que más me han gustado en los últimos tiempos y, sobre todo, porque citan una de mis obras favoritas: 84, Charing Cross Road.

Una de las ideas centrales del artículo es que a los bibliófilos, libreros y demás chalados del libro nos gustan especialmente los libros que hablan de libros, y no puedo menos que darle la razón al autor. Pocas cosas son tan agradables como cerrar un libro que nos ha encantado sabiendo que el placer de su lectura no termina ahí, pues nos ha descubierto autores y obras que desconocíamos y de los que ahora podremos disfrutar. O, análogamente, qué sensación tan especial se experimenta cuando en un libro mencionan otra obra, quizá una de nuestras favoritas, y descubrimos que el personaje (o quizá el propio autor) sintió al leerla lo mismo que nosotros. Pocas cosas unen más que eso (bueno, tal vez aborrecer a una misma persona ;)).

Entre las reseñas que pretendo rescatar en este blog están las de La librería ambulante y Los libros son tímidos, mencionados en el artículo, así que no me detendré en ellos sino para recomendarlos a quien aún no los conozca. Pero quisiera comentar algo más sobre 84, Charing Cross Road, una joya poco conocida para el lector hispano que, sin embargo, ha sido editada varias veces en nuestro idioma.

Esta obrita breve , escrita por la autora estadounidense Helene Hanff en 1970, es una recopilación de las correspondencia que Hanff mantuvo durante veinte años  con Frank Doel, encargado de una librería de viejo en Londres,  en el nº 84 de Charing Cross Road. Esta calle londinense, una de mis preferidas, muy cerca de Trafalgar Square,  es famosa porque en ella hay gran número de librerías de viejo y especializadas, aunque, ay, con los años van cerrando.

Si bien al principio la relación entre Helene y Frank es estrictamente comercial (la autora quiere que le consigan una serie de libros clásicos ingleses que en Estados Unidos no puede encontrar o le resultan demasiado caros), pronto se vuelve más personal (nada de tonterías románticas, ojo) e implica al resto de personal de la librería. Sus nuevos amigos están sometidos al racionamiento tras la II Guerra Mundial y Helene les envía paquetes de comida, regalos de Navidad, amistad y consejos.

Así, Helene y Frank descubren que el amor que ambos sienten por los libros puede, realmente, unir a las personas tanto como otros vínculos. Que no importa la edad, la distancia, las diferencias de carácter (ella es abierta y directa, muy divertida; él muy reservado y profesional) para forjar una amistad sólida que sobrevive durante décadas sin que ambos se conozcan personalmente.

En la obra ambos hablan de libros, claro está, de escritores, editores, anécdotas literarias… pero también de sus vidas cotidianas, de sus aspiraciones, de los intentos de Helene por triunfar como escritora, de su deseo de conocer Londres, de las dificultades por las que pasan los londinenses y su esfuerzo por reconstruir la ciudad, y también de sus momentos de ilusión, como la coronación de Isabel II.

No puedo describir lo que significó esta obra para mí. Fue una de las primeras que leí en inglés, y la sensación de triunfo al lograr terminarla no fue nada comparada con la alegría que sentí por haber descubierto a otras personas que, siquiera en el papel, compartían dos de mis grandes amores: la literatura y Londres. Además de que me descubrieron a grandes escritores poco conocidos por estos pagos, como John Donne, Arthur Quiller-Couch, Thomas de Quincey…

Naturalmente, cuando fui a Londres por fin, al cabo de muchos años, recorrí los lugares que se mencionan en este delicioso libro y en su secuela, La duquesa de Bloomsbury Street. Es una de mis rutas favoritas, casi tanto como la holmesiana.

Uuups,  una vez más me he enrollado mucho. Pero, de verdad, si amáis los libros, si queréis pasar una buena tarde de lectura y descubrir autores, lugares y personajes inolvidables, no os perdáis 84, Charing Cross Road. Además, como dice mi amiga Carmen, hay película. Y muy buena, además: en español se titula La carta final y está protagonizada por dos grandísimos actores, Anne Bancroft y Anthony Hopkins. Ya me contaréis.

No seas tímido, comenta.

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