Archivo mensual: septiembre 2012

Creo que se lo merecen más que de sobra. Leedles, seguidles y, por supuesto, votadles.

PlazaMoyua.com

Luis Ignacio Gómez (robado)

No les voy a mendigar su voto, pero permítanme que exprese en voz alta un par de cosas.

La calidad de un blog no se mide en función de los premios que tiene, sino en función de los lectores fieles que acuden a diario a leer ideas o compartir las suyas (esto último es lo que más nos gusta, por cierto) De todos modos no está nada mal para el ego de cualquier sufrido bloguero una medallita de vez en cuando. Yo, en los tiempos en que llevaba “Desde el exilio” en solitario, presenté la candidatura de este blog a más de un premio. Buscaba mi trocito de medalla, el reconocimiento a mi trabajo … la adulación desinteresada?

Hoy “Desde el exilio” es un blog maduro, con un elenco de colaboradores envidiable y envidiado (lo se de buena tinta) por cualquier otro blog colectivo en lengua…

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Yom Kippur

Hoy es Yom Kippur, el día del perdón y la expiación para los judíos, su día más santo. Voy a tratar de explicar un poco para los que, como yo, no son judíos, la enorme importancia de este día.

En Rosh Hashana, el Año Nuevo, D–s juzga a cada ser humano, inscribiendo en el Libro de la Vida su destino para el año que comienza. Los justos son inscritos, los malvados borrados del Libro. Pero ese juicio no es definitivo para la mayoría de los hombres, no queda sellado, hasta diez días después. En ese periodo, los Diez Días del Arrepentimiento, los hombres  pueden modificar ese juicio, reflexionando sobre su conducta, meditando y pidiendo perdón por el mal que hayan hecho a D–s y a sus semejantes. Por eso en estos días se llama o visita a amigos, parientes y conocidos rogando su perdón por el mal que se les haya podido causar.

Yom Kippur es el último de esos diez días solemnes: hoy el juicio queda sellado, el Libro cerrado. Es un día de ayuno, de rezo en las sinagogas, de honda meditación, examen de conciencia y confesión de las culpas. Se dice que durante el Yom Kippur los hombres deben tratar de ser como ángeles, mediante el ayuno y la oración, alejándose de lo terreno y centrándose en el espíritu. Por eso también se suele vestir de blanco, los hombres llevan el talit (el manto de oración), se renuncia a toda actividad, a todo lujo o placer superficial (como lavarse, usar ungüentos y perfumes), a las relaciones sexuales, a las posesiones materiales (renuncia simbolizada por no llevar calzado de cuero en este día). En suma, se trata de ascender del plano material al espiritual, de abandonar todo lo que nos haya podido hacer caer, ajustar nuestros valores, centrarnos en lo que verdaderamente importa.

Dada la gran solemnidad de este día, en la sinagoga (que este día suelen visitar incluso los judíos menos practicantes) se celebran cinco servicios de oración. El Kol Nidre, recitado en la víspera del Yom Kippur, antes de la puesta de sol que dará comienzo al Día de la Expiación, es verdaderamente impresionante y conmovedor, si bien la inclusión de esta declaración (no es realmente una oración), no estuvo exenta de polémica. En ella el pueblo ruega a D–s que no le tenga en cuenta los juramentos y promesas que se formulen durante el año. El cantor recita tres veces en arameo:

Todos los votos, obligaciones, juramentos y anatemas, que nos atan desde este Yom Kippur hasta el siguiente (cuya feliz llegada esperamos) quedan anulados. Quiera D–s redimir, absolver, perdonar, anular e invalidar y dejar sin efecto esos votos, que no nos aten ni tengan poder sobre nosotros. Los votos no serán eficaces ni obligatorios, ni las promesas o juramentos.

Existen varias interpretaciones acerca del significado del Kol Nidre: los hombres juramos, hacemos promesas, ponemos a D–s por testigo, hacemos votos que muchas veces no vamos a cumplir. Ante el temor de prometer al Creador algo que no vamos a ser capaces de cumplir, se pide que esos votos no tengan efecto, no nos aten y, por tanto, no caigamos en pecado al incumplirlos. Otra tesis, tal vez más probable, indica que esta declaración se compuso a fin de invalidar los votos, abjuraciones y conversiones  a los que muchos judíos se han visto obligados a lo largo de los siglos. Así, en este día, los que se habían apartado del judaísmo durante el año podían regresar a la comunidad y alcanzar el perdón de D–s y de los hermanos.

Durante el resto de celebraciones en la sinagoga se rezan diversas oraciones, se confiesan las faltas, se recuerda a los seres queridos ausentes, se venera a D–s. Con la última oración, la Ne’ilah (cierre de las puertas), queda sellado nuestro destino para el año en el Libro de la Vida. Suena el shofar (el  característico cuerno de carnero u otro animal puro que se emplea en diversos ritos y festividades) y concluyen el rito y el ayuno. Sigue una alegre comida, en la que las familias y amigos se reúnen en torno a la mesa; existe la costumbre de invitar al banquete a aquellos que se encuentren solos en la sinagoga durante ese día, para que no se vean excluidos de ese ambiente de comunidad, de integración y unidad que es uno de los frutos del Yom Kippur.

Es un día de gran profundidad y belleza, pero no un día triste. Espero haberlo sabido explicar hasta donde llego, con la ayuda de los libros y la documentación que he podido encontrar en Internet. Disculpadme los errores u omisiones cometidos. Y, como conclusión, esta preciosa pieza de Max Bruch que he encontrado y que desconocía. Está titulada Kol Nidre y la dedicó a la comunidad judía de la ciudad donde residía, Liverpool. La interpreta la gran Jacqueline du Pré.

Que esta hermosa música y el espíritu de este día nos sirva a todos, judíos y gentiles, para acercarnos más a D–s y a los hermanos.

Los archivos pulineros: El precio de la libertad

Leo por aquí que Rajoy pretende defender ante la ONU la Alianza de Civilizaciones zapateril. No es una sorpresa, ya la había defendido anteriormente y, realmente, de alguien que es un cobarde y un apaciguador frente al terrorismo de ETA no puede esperarse que no sea un cobarde y un apaciguador en otros temas. O incluso en todos.
En cualquier caso, vista esta desgraciada circunstancia y recordando la reciente reedición de la polémica de las viñetas de Mahoma, os recomiendo, más que nunca, la lectura de un excelente libro que reseñé hace un tiempo: Surrender: Appeasing Islam, Sacrificing Freedom, de Bruce Bawer. Aquí os dejo la reseña tal y como se publicó en LD. 

***

EL PRECIO DE LA LIBERTAD

Surrender: Appeasing Islam, Sacrificing Freedom es un libro fundamental para comprender un aspecto de la yihad perligrosísimo pero del que muchos de nosotros, los occidentales, ni siquiera somos conscientes. Porque la guerra santa no la libran sólo los que ponen bombas o se hacen saltar por los aires.

Bruce Bawer es bien claro: los islamistas tienen por objetivo fundamental suprimir las libertades de que gozamos en Occidente; especialmente la que, a juicio de Bawer, soporta todas las demás: la libertad de expresión. Esta yihad cultural o blanda (soft jihad) está procurando éxitos magníficos a los islamistas, a un coste ciertamente insignificante. En buena medida, porque los propios occidentales se lo estamos poniendo así de baratito.

Anestesiados por la corrección política y el multiculturalismo, los occidentales nos estamos convirtiendo en dhimmies. El de dhimmitud es un término –acuñado por la autora británica de origen egipcio Bat Ye’or– que Bawer emplea a menudo en este libro para designar la situación de los no musulmanes que, por una combinación de motivos –miedo, complejo de culpa, desprecio a la propia libertad–, han preferido capitular y someterse al Islam. El dhimmi reconoce la superioridad del agresor, cuyos ataques justifica, y se dispone a satisfacer sus exigencias aun antes de que le sean planteadas. El rastro de la dhimmitud puede seguirse, por ejemplo, en los códigos de conducta de numerosas instituciones occidentales, la autocensura de los medios de comunicación y la crítica (a menudo acerba) a todo aquél que ose infringir los límites marcados por “el respeto a la diversidad y las creencias ajenas”.

Bawer ha recopilado una abrumadora cantidad de ejemplos que le permiten demostrar, con pasión y convicción, la rendición de Occidente (sobre todo de Europa) al islamismo. Surrender es un libro escrito con claridad y rigor, y que resulta asequible incluso para el lector sin conocimientos previos sobre el tema. A ello contribuye, sin duda, la acertada forma en que está estructurado.

Dividido en tres partes, en la primera se exponen los conceptos que se desarrollarán en las otras dos –por ejemplo, el de yihad cultural– y se explica cómo Occidente ha llegado a ser un terreno fértil para la implantación del islamismo. A juicio de Bawer, estamos tan habituados a disfrutar de nuestras libertades y nuestros derechos que hemos olvidado o no queremos recordar el altísimo precio que hemos tenido que pagar por ello; hay quien incluso parece olvidar, o querer olvidar, que la libertad es el requisito esencial para poder vivir una vida digna. Y la libertad, si no se basa en la libertad de expresión, no es nada. Por eso Bawer dedica a esta última, y a los ataques de que está siendo víctima, el grueso de la obra.

Si algo ha abonado el terreno a la yihad cultural es la emergencia de la corrección política y el multiculturalismo, que han permitido desafueros como la equiparación de nuestros sistemas legislativos, basados en los derechos y libertades del individuo, con la sharia, o la presentación de los verdugos islamistas como víctimas… ¡de sus víctimas!, especialmente cuando hay estadounidenses o israelíes de por medio.

La corrección política es un credo que, paradójicamente, no admite el debate ni que se pongan en cuestión sus postulados. De ahí que haya colocado en la diana a la libertad de expresión, uno de sus mayores enemigos. Si hay una cuestión en la que esto queda patente es en la del Islam. Los defensores de lo políticamente correcto, siempre en contra de Occidente y a favor de sus enemigos, tratarán de silenciar cualquier crítica al mundo islámico con argumentos como el de los “derechos en colisión” (el de expresarse libremente versus el inexistente derecho a no sentirse excluido o despreciado) o el del “ejercicio responsable de la libertad de expresión”, que viene a significar que no se puede decir cosa alguna que pueda “provocar”, “causar malestar” o “desencadenar una respuesta violenta”.

Tan violenta como la que sufrieron los protagonistas de los tres casos con que Bawer cierra la primera parte: Pim FortuynTheo Van Gogh y los dibujantes y editores de las célebres viñetas sobre Mahoma. Sin embargo, el hecho de que fueran asesinados (los dos primeros; Fortuyn, tan aborrecido por los islamistas, a manos de un ecologista holandés) o amenazados de muerte (los últimos) no provocó la condena unánime de las sociedades occidentales. Naturalmente, hubo protestas y muestras de apoyo a las víctimas; pero la mayoría corrieron por cuenta de ciudadanos de a pie; los intelectuales, los políticos y los medios de comunicación, en nombre de ese multiculturalismo aberrante, parecían más preocupados en buscar los tres pies al gato a los asesinados o, directamente, en justificar a sus asesinos. ¿Porque comparten cosmovisión con los islamistas? Para nada. Por miedo. La dhimmitud es esto.

La segunda parte está dedicada a los medios de comunicación (fundamentalmente, la prensa escrita), a los que el autor considera responsables, en gran medida, de la deriva suicida de Occidente. Su título es “Censors and Self-Censors” (“Censores y autocensores”), tan claro como expresivo. Intimidados por los islamistas, inspirados por el multiculturalismo o motivados por alguna extraña simpatía, los medios han decidido, en su mayoría, practicar la autocensura, manipular la información o, directamente, falsificarla cuando el objetivo de la misma es el Islam o los musulmanes. Cualquier aspecto negativo del Islam (lapidaciones, ablaciones, crímenes de honor…) se maquilla, justifica u omite a fin de que la ciudadanía no se forme una opinión incorrecta y hostil a dicho credo. Naturalmente, no todos los medios se comportan así, pero sí, repito, una parte muy considerable: por ejemplo y por citar algunos de los más importantes, el New York Times o las cadenas ABC y BBC.

Tariq Ramadán.Si se les critica semejante actitud, responden que el buen periodismo ha de ser matizado, reflexivo, tener en cuenta aspectos como la “diversidad” del Islam y ejercer la libertad de expresión de manera “responsable”. En realidad, denuncia Bawer, se comportan como verdaderos apologistas del islamismo que, en su afán por justificar lo injustificable, optan por ofrecer una visión falsa del mundo y los principios islámicos, definen como “moderados” a elementos que, como Tariq Ramadan, niño mimado de la prensa progre, están muy lejos de serlo y establecen equivalencias entre la violencia ejercida por los islamofascistas y las medidas que los países occidentales (sobre todo los Estados Unidos e Israel) adoptan en su lucha contra los islamofascistas, y silencian o manipulan el mensaje de los críticos con el Islam.

Pocas veces han sido más injustos, viles y cobardes los medios como en el caso de Ayaan Hirsi Ali: verdadera heroína de la lucha por la libertad, su extraordinaria experiencia constituye un ejemplo no sólo para las mujeres musulmanas en su lucha frente a la opresión a la que se ven sometidas, sino para todos nosotros. Bawer nos recuerda el vergonzoso trato que le dispensan la prensa y los intelectuales proislamistas: no sólo ridiculizan sus ideas –calificándolas de ingenuas y carentes de sutileza– y la tratan con condescendencia, es que encima la acusan de ser absolutista, una “integrista de la Ilustración” que ha cometido el imperdonable delito de tomarse en serio la lucha por la libertad. Grotesco.

Por último, en la tercera parte Bawer ofrece un exhaustivo análisis de cómo la yihad cultural afecta a diversas esferas de la vida en Occidente. Desde la universidad a la política, pasando por el cine, el arte, la función pública o los tribunales, no hay faceta de la vida cotidiana que no se vea afectada, en mayor o menor medida, por el islamismo. Especialmente duro resulta el capítulo dedicado a los homosexuales: son condenados a muerte, torturados, azotados o encarcelados (según el país) en todo el mundo islámico; sin embargo, la gran mayoría de los progresistas y muy buena parte de los homosexuales occidentales prefieren cerrar los ojos y callar ante semejantes atrocidades o, en un nuevo ejercicio de dhimmitud y cobardía, apoyar a los verdugos.

Tal y como indica el título de esta obra, Occidente se está rindiendo al Islam, sacrificando poco a poco su libertad. Pero eso no hará que los fanáticos se apacigüen, ni mucho menos. No tienen la menor intención de pactar o negociar nada con nosotros. Cada vez que cedemos, vuelven a la carga con más demandas. La sharia no es negociable para ellos: es la Ley, absoluta y revelada, y su objetivo es imponerla en el mundo entero. Nuestros gestos de apaciguamiento no los perciben como muestras de respeto, buena voluntad o conciliación, sino como signos de sumisión, debilidad y cobardía.

Puede que algunos occidentales prefieran creer que, con todo, siempre se podrá llegar a un acuerdo, pero hay temas en los que la negociación no es admisible: no se puede alcanzar un compromiso entre la libertad y la esclavitud, la democracia y la tiranía. Será conveniente que nos demos cuenta de ello antes de que sea demasiado tarde.

BRUCE BAWER: SURRENDER: APPEASING ISLAM, SACRIFICING FREEDOM. Doubleday (Nueva York), 2009, 321 páginas

Publicado originalmente en el suplemento Libros de Libertad Digital el 11 de noviembre de 2010

Otoño

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Según el Instituto Geográfico Nacional, hoy, a las 16:49 (hora peninsular española) ha comenzado el otoño, mi estación favorita.

Tenemos por delante 89 días y 20 horas para disfrutarlo antes de que el 21 de diciembre llegue el invierno. Tiempo de cosecha que también supone el verdadero comienzo del año para muchos. Nuevos planes e ilusiones, retos, renovación. Época de disfrutar de la belleza de la naturaleza con paseos y excursiones; de gozar de nuestros hogares leyendo o disfrutando de una tranquila velada de sofá y manta.

Os dejo este famoso poema de John Keats, uno de los que más me gustan, en el que ensalza la belleza de esta estación ( y su traducción al español, en la versión de Marie Montand):

To Autumn

Season of mists and mellow fruitfulness,
   Close bosom-friend of the maturing sun;
Conspiring with him how to load and bless
   With fruit the vines that round the thatch-eves run;
To bend with apples the moss’d cottage-trees,
   And fill all fruit with ripeness to the core;
      To swell the gourd, and plump the hazel shells
   With a sweet kernel; to set budding more,
And still more, later flowers for the bees,
Until they think warm days will never cease,
      For summer has o’er-brimm’d their clammy cells.
Who hath not seen thee oft amid thy store?
   Sometimes whoever seeks abroad may find
Thee sitting careless on a granary floor,
   Thy hair soft-lifted by the winnowing wind;
Or on a half-reap’d furrow sound asleep,
   Drows’d with the fume of poppies, while thy hook
      Spares the next swath and all its twined flowers:
And sometimes like a gleaner thou dost keep
   Steady thy laden head across a brook;
   Or by a cyder-press, with patient look,
      Thou watchest the last oozings hours by hours.
Where are the songs of spring? Ay, Where are they?
   Think not of them, thou hast thy music too,—
While barred clouds bloom the soft-dying day,
   And touch the stubble-plains with rosy hue;
Then in a wailful choir the small gnats mourn
   Among the river sallows, borne aloft
      Or sinking as the light wind lives or dies;
And full-grown lambs loud bleat from hilly bourn;
   Hedge-crickets sing; and now with treble soft
   The red-breast whistles from a garden-croft;
      And gathering swallows twitter in the skies.
***

Oda al otoño

Estación de las nieblas y fecundas sazones,
colaboradora íntima de un sol que ya madura,
conspirando con él cómo llenar de fruto
y bendecir las viñas que corren por las bardas,
encorvar con manzanas los árboles del huerto
y colmar todo fruto de madurez profunda;
la calabaza hinchas y engordas avellanas
con un dulce interior; haces brotar tardías
y numerosas flores hasta que las abejas
los días calurosos creen interminables
pues rebosa el estío de sus celdas viscosas.

¿Quién no te ha visto en medio de tus bienes?
Quienquiera que te busque ha de encontrarte
sentada con descuido en un granero
aventado el cabello dulcemente,
o en surco no segado sumida en hondo sueño
aspirando amapolas, mientras tu hoz respeta
la próxima gavilla de entrelazadas flores;
o te mantienes firme como una espigadora
cargada la cabeza al cruzar un arroyo,
o al lado de un lagar con paciente mirada
ves rezumar la última sidra hora tras hora.

¿En dónde con sus cantos está la primavera?
No pienses más en ellos sino en tu propia música.
Cuando el día entre nubes desmaya floreciendo
y tiñe los rastrojos de un matiz rosado,
cual lastimero coro los mosquitos se quejan
en los sauces del río, alzados, descendiendo
conforme el leve viento se reaviva o muere;
y los corderos balan allá por las colinas,
los grillos en el seto cantan, y el petirrojo
con dulce voz de tiple silba en alguna huerta
y trinan por los cielos bandos de golondrinas.

¡Feliz otoño, amigos!

Esperanza

En realidad yo hoy quería escribir una entrada sobre el Rosh Hashana, el Año Nuevo judío, pero de camino a casa me he enterado de la dimisión de Esperanza Aguirre y me he quedado tan impresionada que no tengo más remedio que escribir algo sobre el tema. Es mi forma de afrontar las crisis, escribiendo. Qué le voy a hacer.

Dice Esperanza que se va por motivos personales, que el cáncer que le fue diagnosticado hace unos años ha influido, pero también lo han hecho otras muchas causas en las que no ha querido entrar. Comenta que quiere dedicarse a su familia. Que la política iba a ser un paréntesis en su vida y se había convertido en una actividad a tiempo completo; cree que éste es el momento de dejarla, al menos en primera fila.

Y yo, qué quieren que les diga, no me lo creo.

No me lo creo porque una señora que lleva  casi 30 años luchando en la vanguardia de la política sabe perfectamente que si hay un momento malo para dejarla, es éste: crisis, falta de valores en el PP (y en la política en general), un panorama desolador en el que las únicas pequeñas pinceladas positivas para los madrileños han venido, precisamente, de su mano.

No me lo creo porque  alguien que ha sobrevivido a todo lo que ha sobrevivido ella, que ha aguantado al pie del cañón estando enferma, después de sufrir un atentado, de recibir amenazas día sí y día también, de soportar a Fostiatus y sus chorradas infumables en la Asamblea todas las semanas, de ver cómo el partido que ella contribuyó a levantar caía en manos de los moderados, los apaciguadores y los traidores, no lo deja de pronto, en medio de una crisis monstruosa, cuando el PP de Rajoy y sus mamporreros cae cada día más bajo, traicionando a las víctimas del terrorismo y al pueblo español que les votó confiando en un cambio y una regeneración después de años de socialismo y miseria y se ha encontrado con más de lo mismo.

Pero da igual lo que yo crea. Lo único que deseo con toda el alma es que no lo haya dejado por culpa del maldito cáncer, que si se ha retirado para disfrutar de los suyos, como dice, lo haga y sea muy feliz. Ha trabajado muy duro; nadie que no sea un miserable puede negarlo, y ha hecho cosas muy buenas por España y por los madrileños a los que, como ha comentado, ha intentado servir en cada una de las responsabilidades que le han asignado.

Con ella se va el único motivo por el que yo seguía votando al PP, un partido del que todo aquél que tenía principios, dignidad y vergüenza se ha ido o ha sido expulsado; los que siguen en él y aún conservan algo de decencia, como Mayor Oreja, no sé a qué esperan; el argumento de que también se puede luchar desde dentro hace tiempo que dejó de valerme, pues no veo que hayan logrado absolutamente nada. Como ha tuiteado hace poco un amigo, lo mejor del PP está ahora fuera del mismo.

Esta mañana leía una entrada sobre Margaret Thatcher en el muy recomendable blog de Noa Todo. Y, casualidades de la vida, pensaba en que lo más parecido que tenemos -teníamos- por estos pagos es, precisamente, Esperanza Aguirre. Con sus errores y sus fallos, que ella misma ha reconocido en numerosas ocasiones, con sus proyectos y anuncios que a veces se han quedado en meras declaraciones de intenciones (aún estoy esperando la privatización de Telemadrid, por ejemplo), de acuerdo, pero las palabras que pronunciaba Maggie en el discurso que os he enlazado son, precisamente, los principios liberales en los que muchos creemos y en mi opinión Esperanza Aguirre  ha intentado, al menos, ponerlos en práctica.

Sea por hartura, desencanto, cansancio, vergüenza de ver en lo que se ha convertido su partido, sea porque ha sido “invitada”a marcharse, deseo que nuestra Presidenta sea feliz, descanse, disfrute de los suyos y cobre fuerzas.
Y, sobre todo, deseo poder depositar en una urna, un día no muy lejano, una papeleta en la que aparezca una lista encabezada por Esperanza Aguirre Gil de Biedma ; una lista que esté formada por gente como ella: valiente, con principios, amor por la libertad, respeto a las víctimas y ganas de levantar España.

Gracias por todo, Presidenta. A usted no se le puede aplicar lo que decía Oscar Wilde:

Como no fue genial, no tuvo enemigos.

Mantegna

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Tal día como hoy, en 1506, moría en Mantua el pintor Andrea Mantegna. En el Museo del Prado de Madrid tenemos la suerte de contar con una obra maestra de este artista, El tránsito de la Virgen.

En una ocasión Eugenio D’Ors escribió:

“De fervientes del arte sé (muy pocos, pero en fin, de entre los mejores) que, si un día el fuego debiese consumir todo este museo [el Prado] y en manos de ellos estuviese salvar una obra nada más, no vacilarían y se precipitarían hacia el Mantegna.”

Años más tarde se hizo el experimento de preguntar a varios expertos qué cuadro salvarían del museo en caso de catástrofe y,en efecto, éste quedó entre los primeros, junto con el Cristo muerto sostenido por un ángel, de Antonello da Messina.

El tránsito de la Virgen es un cuadrito de reducidas dimensiones (aproximadamente 50x40cm), pero que destaca por su belleza, maestría en la composición y expresividad. Si tenéis ocasión, venid a conocerlo en directo.

Horacio

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Hoy se ha ido Horacio Vázquez-Rial tras meses de enfermedad. No os voy a descubrir cómo era a quienes le conocisteis, pero a los que no tuvisteis esa suerte, sabed que era, es, un grandísimo escritor y, sobre todo, una persona maravillosa. No es un tópico: es la verdad. Nunca he conocido a nadie tan generoso y que se preocupara tanto por los demás.

Nos ha dejado muchos regalos. El principal, sus libros, que harán que siempre siga vivo. Hay un proyecto que le ilusionaba mucho, la edición digital de su obra. Un proyecto en el que podemos participar y con el que muchos podrán disfrutar.

También nos ha dejado innumerables artículos. Leerlos y releerlos es un placer y una lección. Os he enlazado los que escribió en Libertad Digital.

Y su último y más hermoso regalo, además de su vida y su ejemplo, es un vídeo, Sombra de la noche. Me habló de él, y desde hace unos días está en internet, pero hasta hoy no tuve el valor de verlo completo. Lo corté a los cinco minutos el primer día porque tenía miedo. Menuda idiota.

Vedlo. No os puedo decir otra cosa. Quería reflexionar sobre su vida, su enfermedad, el tránsito que le aguardaba. Ayudar a los demás a afrontar su muerte, ayudar también a los que pudieran estar en sus mismas circunstancias. Un nuevo ejemplo de su generosidad.

Me quedo con el momento en el que nos explica que el bolero “Si tú me dices ven” es, en realidad, un poema de Amado Nervo a Cristo, un poema sobre Su llamada, sobre la vocación.

Hoy, Dios le ha dicho “ven” a Horacio que, pasado ese tránsito, lo ha dejado todo y ahora, junto a Él, tiene al fin las respuestas que buscaba.

Gracias por todo, Horacio. Te quiero mucho, amigo.