Los libros de la semana (Del 1 al 8 de febrero )

Esta semana con un poco de bastante retraso, pero allá vamos.

LEÍDOS

Las fuentes del afecto. Cuentos dublineses, de Maeve Brennan (Alfabia)

Recopilación de cuentos publicados por la autora en New Yorker y Harper’s Bazaar.

El título es un tanto engañoso, pues la ciudad de Dublín no es la gran protagonista de estas historias; salvo en unos cuantos de los relatos, el hecho de que transcurran en Dublín o no es irrelevante. Sí aparece la ciudad como telón de fondo, pero el libro se podría haber llamado igualmente “Cuentos irlandeses”, por ejemplo, porque lo que sí está presente en todo momento es el espíritu irlandés, ese algo especial que hace que, pese a tener un estilo propio y una forma de narrar muy interesante y personal, el libro me haya recordado mucho a Joyce (el de Los muertos), a Seamus O’Kelley o a Liam O’Flaherty, a los que he leído hace poco.

El libro se divide en tres bloques: el primero, de relatos autobiográficos de la autora, que recuerda su infancia en Dublín. En los otros dos los protagonistas son dos familias, los Derdon y los Bagot. El tono amable y ligero de los primeros relatos da paso a otro en el que los protagonistas revelan su vacío, su desazón ante una vida gris y un matrimonio en el que, quizá, nunca hubo amor, sólo una chispa de deseo que el egoísmo, el hastío y la rutina pronto sofocaron.

No son grandes tragedias ni dramones victorianos, “sólo” relatos muy bien escritos en los que se nos muestra a unos personajes profundamente reales: ni muy buenos ni muy malos, sólo humanos.

Un libro y una autora altamente recomendables, como comenté en el LD Libros de la semana pasada.

Virginia Woolf, de Michèle Glazier y Bernard Ciccolini (Impedimenta)

Una biografía muy original de Virginia Woolf, en forma de cómic. Llego a ella gracias a la reseña de Carmen Carbonell en LD Libros (aquí, desde el minuto 22:50, aunque el resto del programa es también muy recomendable). Nunca me ha conseguido gustar lo poco que he leído de la escritora, pero me parece muy interesante su vida (lo que no quiere decir que me guste). Este cómic constituye una buena aproximación que, ciertamente, te deja con ganas de saber más de ella y de los integrantes de su círculo de amigos, el muy progre “Grupo de Bloomsbury”.

Los dibujos no son especialmente impresionantes, según mi opinión: hay dibujantes que me gustan más, pero creo que el estilo se adapta bien a la vida turbulenta de Virginia Woolf, a sus dramas, su enfermedad, su desasosiego. Sí es bonito ese aire de haber sido hechos a la acuarela, que les otorga un encanto especial. En cuanto al texto, evidentemente no puede profundizar demasiado, pero creo que ahí radica su mérito, en dejar al lector con ganas de saber más. Personalmente, me parece un tanto discutible que se hayan escogido una serie de anécdotas de la biografía de Woolf un tanto irrelevantes por el mero hecho de que se refieran a Francia (país de los autores del libro). Salvo por ese detalle, me parece bastante objetivo y, pese a que en la vida de Virginia Woolf hubo mucho de escabroso, los autores consiguen narrar esos aspectos sin resultar morbosos, con bastante elegancia.

La frontera, de Franco Vegliani (Minúscula)

En realidad lo terminé la semana pasada, pero como no hubo entrada en el blog, lo incluyo ahora. Es una obra desasosegante, en la que se entrecruzan las vidas de dos soldados italianos, uno de la Primera Guerra Mundial y otro de la Segunda. Ambos son originarios de la misma región, entre Friuli e Istria, que el autor, Vegliani, conocía bien por ser nativo de Trieste.

El drama de los habitantes de esa región es indudable; simples peones en manos de venecianos, austrohúngaros, Napoleón, piamonteses, italianos, yugoeslavos… Y además con la “ayuda” de las potencias europeas, que negociaron con su pertenencia a uno o a otro país por meros criterios estratégicos.

Emidio Orlich, soldado triestino en el ejército austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial, ve cómo su vida, que parecía correr por raíles bien establecidos, cambia radicalmente con la guerra: descubre el amor, la pasión, el miedo y, sobre todo, cuestiona su propio patriotismo cuando conoce a un soldado eslavo de otra compañía que es detenido por traición. Mirado con suspicacia por superiores y compañeros de armas por el hecho de ser italoparlante, Emidio deberá tomar una terrible decisión que tendrá trágicas consecuencias.

Años después, en plena Segunda Guerra Mundial, su historia es rememorada por su tío, el viejo pescador istriano Simeone que, en la Dalmacia ocupada por Italia, explica a un soldado italiano la trágica historia de Emidio, pues cree adivinar que entre ambos soldados hay más coincidencias de lo que parece.

Un clásico de la literatura triestina que conmueve y desasosiega; sin embargo, no sé si porque influye la traducción, que no me convence, el estilo del autor no me acaba de enganchar: tiende mucho a anticipar lo que va a suceder a continuación , insinuando más que contando, con lo que se carga toda posible sorpresa. Indudablemente, si su objetivo era crear una tensión agobiante en el lector y ganas de sacudir al a ratos muy cansino protagonista, lo logra con creces. Con todo, en mi opinión, notable.

LEYENDO

The Pursuit of Italy, de David Gilmour (Penguin)

Lenta, pero sin pausa, sigo avanzando en este libro estupendo. Pese a las salvedades que comenté la última vez que hablé de él, es un libro que considero imprescindible para cualquier interesado en la historia de Italia en general y de su “unificación” en particular.  Durante esta semana he podido leer como desmonta mitos, expone las miserias de los “grandes hombres” del Risorgimento y narra la “unificación” como lo que realmente fue: una anexión-absorción por parte del Piamonte. Ahora estoy con la época de Mussolini, al que está repartiendo estopa a base de bien, pero, con su ecuanimidad habitual (salvo cuando se trata de la Iglesia -para mal- y de algunos de sus personajes favoritos -para bien) señala también que el Duce no fue, ni mucho menos, un monstruo a la altura de Hitler, Lenin o Stalin. Cada cosa lo que sea. Exagerar y comparar lleva a deformar la realidad y a escribir una historia irreal.

Espero acabarlo esta semana.

Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson (Minúscula)

Un sorprendente cuento sobre dos hermanas que viven en una mansión en medio de un bosque, aisladas voluntariamente de los habitantes del pueblo vecino, que las odian y temen. ¿Por qué iban a odiar a dos jóvenes bellas, ricas y alegres? Porque seis años atrás toda la familia de las muchachas, salvo su anciano tío Julian, que quedó con graves secuelas, murió asesinada, envenenada con arsénico, al parecer por la hija mayor, Constance.

La historia nos la narra Mary Katherine, Merricat, la hija menor superviviente de la tragedia, una adolescente enigmática y diferente, que trata de proteger a su hermana Constance y a sí misma del odio de sus vecinos y de cualquier cambio que perturbe su existencia con una serie de amuletos, rituales y pensamientos de lo más peculiar.

Inquietante, divertida, dramática y espeluznante a ratos, este libro es todo un descubrimiento. A punto de terminarla.

Miguel Ángel. Obra completa, de William E. Wallace (Electa)

Espectacular volumen, por tamaño y calidad. Fotos excelentes de las obras del gran Miguel Ángel, analizadas y comentadas por William E. Wallace, gran conocedor de su obra. Incluye una amena, si bien breve, introducción biográfica. Ágil, accesible y rigurosa. Indudablemente, hay obras dedicadas a un público más experto en las que se realiza un análisis mucho más profundo y extenso, pero este libro constituye una buena obra de referencia y una adecuada introducción a la obra del genio florentino.

Ya he terminado con la escultura, ahora a por la pintura.

COMPRADOS

The Politically Incorrect Guide to the Presidents, de Steven F.Hayward (Regnery);  María Estuardo, de Stefan Zweig (Acantilado); Nazi, komm raus, de Christian Springer (Herbig); Classical Art, de Mary Beard y John Henderson (OUP); Historia criminal del comunismo, de Fernando Díaz Villanueva; Verano en English  Creek, de Ivan Doig (Libros del Asteroide)…

Una respuesta a “Los libros de la semana (Del 1 al 8 de febrero )

  1. Nunca entendí la necesidad de pagar más por un mismo texto, dependiendo del envoltorio, hasta que tuve en mis manos una edición de Acantilado. Me encantan. Lo digo por uno de los que tienes en la recámara😉.

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