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Los libros de la(s) semana(s) (Del 18 de febrero al 3 de marzo)

Pues sí, ya son dos semanas y se me acumulan los libros, así que voy a intentar no extenderme mucho.

LEÍDOS

 The Pursuit of Italy, de David Gilmour (Penguin)

Por fin terminé uno de los libros con los que llevaba bastante tiempo. No es un libro para leer de una tacada, sobre todo si, como es mi caso, no se tienen demasiados conocimientos de la historia de Italia, especialmente de la moderna.
Hay que advertir que ésta no es una historia de Italia, o, al menos, una al uso. No se señalan aquí todos los hechos fundamentales, ni los personajes más sobresalientes. Se trata, por describirla de forma resumida, de una historia de la idea de Italia, de cómo el concepto de Italia como patria, como nación, ha ido evolucionando desde la época de los romanos hasta nuestros días. Naturalmente, se hace hincapié en la Unificación, y se analiza si ésta fue un acierto o un grave error que los italianos de hoy siguen pagando.

Es un libro ameno, documentadísimo y bien escrito. Me ha gustado especialmente la forma que tiene de desmontar tópicos, de cuestionar ideas que aparentemente se tienen como verdades intocables (la grandeza de ciertos personajes, las glorias del Risorgimento, la Italia rica y próspera del Norte desangrada por un Sur pobre y vago…). Gilmour razona y expone argumentos sólidos y convincentes, con imparcialidad, reconociendo méritos y fallos en unos y otros y manteniendo el interés del lector a lo largo de una obra extensa y  ambiciosa que pocos habrían sabido manejar.

Sólo en un par de ocasiones pierde el autor,  en parte,  esa equidistancia e imparcialidad: Cuando trata de personajes que le son especialmente queridos (Garibaldi, por ejemplo), aún reconociendo sus errores y fallos, no puede evitar contemplarlos con simpatía e indulgencia, lo que es comprensible, si bien esto chirría al contrastar con su habitual imparcialidad. Y el caso más flagrante, su manía por la Iglesia católica y su jerarquía, a la que no duda en acusar de numerosos defectos (muchos de ellos de forma justificada, bien es cierto), pero a la que no concede sus aciertos (alguno habrá tenido, digo yo, en casi dos milenios por tierras italianas) ni perdona sus fallos, como hace con sus personajes predilectos. No menciona muchas veces a la Iglesia, ciertamente, pero el tratamiento despectivo que le da destaca poderosamente en medio de una obra excelente.

Con todo, esos fallos no logran empañar un libro altamente recomendable y que incluyo ya entre mis favoritos.


¡Abajo el colejio!
, de Geoffrey Willians y Donald Searle (Impedimenta)

Uno de mis libros favoritos en inglés, por fin traducido al español. Y muy bien traducido, además. El diario de Nigel Molesworth, el terror de San Custodio, un arquetípico internado inglés, es una verdadera joya del mejor humor británico. Escrito con todas las faltas de ortografía habidas y por haber, lleno de comentarios carentes de respeto hacia directores, profesores y padres (por no hablar de los compañeros), plagado de planes a cual más absurdo para evitar clases, exámenes y demás incordios con los que los adultos, esos genios del mal, interrumpen la plácida existencia de un escolar. Con unas ilustraciones fantásticas y a la altura del texto, es imposible que este libro no haga reír. Ni siquiera el director de San Custodio podría resistirse

El lado bueno de las cosas, de Matthew Quick (DeBolsillo).

Me puse a leer este libro sin haber visto la película, lo que recomiendo. Tenía la intención de ver ésta después y comparar, y debo decir que no he podido hacerlo. Tanto el  libro como la película me han decepcionado un poco, pero por diferentes motivos. La película ha adaptado el libro de forma un tanto sui generis, modificando muchas cosas que en la novela son fundamentales, mejorando otras que me parecieron un error en el libro y cambiando mucho, demasiado quizá, a la mayor parte de los personajes.

Pero voy a juzgar el libro como tal, sin pensar en la película, y repito que me ha decepcionado. Esperaba algo más original, más profundo y, desde luego, mejor escrito. No es malo, ojo, sólo que esperaba más. Para no destripar demasiado el argumento, trata de un hombre, Pat, que sale del psiquiátrico en el que ha estado recluido una larga temporada por un trastorno bipolar. Y aquí empiezan los fallos: en mi nada experta opinión lo que tiene Pat no es un trastorno bipolar, sino ataques esporádicos de ira. Él no recuerda algunos hechos del pasado reciente, que ha bloqueado por un trauma. Sólo sabe que está separado de su mujer (por no haber sido un buen marido, según él mismo reconoce), y dedica todos sus esfuerzos a ser la clase de esposo que ella se merece y lograr que vuelva a su lado. Porque, piensa, eso es lo que pasa en las películas: el protagonista atraviesa crisis, duras pruebas y, finalmente, tras cambiar su comportamiento y lograr ser una persona mejor, recibe su recompensa: un final feliz. Y Pat considera que está viviendo la película de su vida y al final tendrá su final feliz, volver con su mujer.
La idea es prometedora, pero me temo que no da de sí todo lo que promete. Hay personajes poco trabajados, demasiadas cosas inverosímiles y por momentos se tiene la impresión de que Pat no es bipolar, ni iracundo, ni siquiera medio loco: parece un idiota o, la mayor parte del tiempo,  un adolescente especialmente memo. Al final del libro el propio Pat reconoce y explica ese comportamiento, que achaca a su enfermedad y a no haberse tomado su medicación regularmente, pero en mi opinión se debe a que el escritor no sabe muy bien cómo describir a alguien con un trastorno mental ni sabe tampoco cómo lograr que se note en una narración que alguien no está bien  de la cabeza y tiene un problema sin caer en la exageración y la distorsión.

Es un libro simpático, aunque a veces tengas ganas de abofetear al prota, lo que me fastidia especialmente cuando pienso que en la peli es Bradley Cooper, pero, sinceramente, no creo que recuerde nada de este libro dentro de dos meses. Sin pena ni gloria.

El sueño de Escipión, de Cicerón (Acantilado).

Pues todo lo contrario que el libro anterior: me ha entusiasmado. No sé si ya os he contado alguna vez que no tengo ni idea de filosofía, y no exagero. En el cole tuve un profesor nefasto, no aprendí nada y, lo que es peor, me quitó las ganas de aprender algo…hasta que he alcanzado esta provecta edad; ahora lamento no haberla estudiado antes.

Esta obrita es una verdadera maravilla. Me ha hecho pensar, reflexionar sobre mis ideas sobre el mundo y la vida, sobre lo que es importante y lo que no, y sobre la trascendencia de nuestros actos. Y creo que de eso, entre otras cosas, es de lo que trata la Filosofía, así que gracias al bueno de Cicerón por este milagro.

En este clásico, Cicerón coloca como protagonista a Publio Cornelio Escipión Emiliano, que, tras un banquete, narra a sus invitados un sueño en el que se le aparecen los espíritus de su padre, Emilio Paulo, y de su abuelo adoptivo, Escipión Africano, que le muestran cuán vanas son las glorias y la fama de este mundo, y cómo hay que aspirar a las del otro, el que nos aguarda tras la muerte. ¿Cómo alcanzarlas? ¿Qué virtudes hay que cultivar para ello, qué vicios hay que evitar? Leyendo esta breve narración lo descubrimos y vemos por qué esta obra es un auténtico clásico de la literatura y el pensamiento occidentales.

Me quiero hacer con el Comentarios al sueño de Escipión, de Macrobio, en Siruela.

Cuando acabe el invierno, de Mary Ann Clark Bremer (Periférica).

Libro que me ha hecho perder una tarde. Insufrible para mi gusto. Diario, o más bien, comentarios deslavazados de una snob que presume de gustos sencillos mientras se hace unos guantes a medida en Zurich, por ejemplo. Feminista, antisionista, y llena de superioridad moral; como es habitual en este tipo de personas, no vive de acuerdo a lo que predica.

En suma, los recuerdos pedantes e inconexos de una mujer pedante e inconexa, orgullosa de su “clase”, que se pasa medio libro hablando de que las mujeres deben sentirse libres e independientes (sobre todo no deben depender de un hombre), para acabar hablando de cómo ella, viuda, no volvió a ser feliz hasta que se casó por segunda vez.

Una pena. Me habían hablado muy bien de otro libro de esta autora que publicó anteriormente la misma editorial, pero me temo que éste no tiene nada que ver. Por cierto, escribir de forma caótica no es tener estilo; es escribir de forma caótica.

LEYENDO

Yom Kipur / El sueño de Makar, de Vladimir Korolenko (Hermida Editores).

Dos cuentos de un autor ruso desconocido para mí. Compré el libro por el título, pensando que sería una recopilación de cuentos judíos o algo similar, pero no es así. Son dos relatos ambientados en Rusia, muy breves, llenos de humor y sensibilidad a la vez, en los que se mezclan sueño, leyenda y realidad, muy bien escritas y que logran enganchar al lector. Me está gustando bastante.

Pese a que la portada es muy rara y me hacía temerme lo peor, lo cierto es que tiene sentido. Buena traducción. Un agradable descubrimiento.

Una pequeña historia de la filosofía, de Nigel Warburton (Galaxia Gutenberg)

Tratando de solucionar mi ignorancia filosófica me topé con este libro el domingo. La editorial es buena, las críticas también, y la reseña de la contraportada hacía presagiar que este libro era lo que andaba buscando…pero me temo que no va a ser así. Tiene pinta de ser muy light, excesivamente light, incluso para alguien sin conocimientos, como yo.

Voy a concederle el beneficio de la duda un par de capítulos más (voy por Boecio) antes de pasarme a otro libro más prometedor.

COMPRADOS

Sonetos, de William Shakespeare (Acantilado); La bella figura, de Beppe Severgnini (Hodder&Stoughton);  Cinco mujeres excepcionales, de James Lord (Elba), La estratagema, de Léa Cohen (Libros del Asteroide); Cuaresma con los Santos Padres, de Antonio González (Edibesa); La Teología de Joseph Ratzinger. Una introducción, de Pablo Blanco Sarto (Palabra).

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Los libros del Papa

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Hoy ha sido el último día del pontificado de Benedicto XVI. Todos estos días, desde que anunció su despedida, han sido muy intensos y emocionantes. Hoy, con su humildad de siempre, se ha despedido del Vaticano y de Roma como Papa, y nos ha bendecido por última vez desde el balcón de Castelgandolfo.

Es un momento muy especial para los católicos y me está costando no dejarme llevar por el lado triste, que es no tener ya como Pontífice a este hombre extraordinario. Pero con su renuncia nos ha dado un nuevo ejemplo de fe, inteligencia y honestidad y, sobre todo, de amor a la Iglesia. Así que seré fuerte, pensaré de nuevo en lo mucho que nos ha dado Benedicto XVI y daré gracias por haber tenido la suerte de tener un Papa como él.

Os dejo mi entrada en el blog de LD Libros sobre los libros de Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, que escribí como modesto homenaje a este gran hombre y gran Papa, cuya obra nos acompañará siempre.

Los libros de la semana (Del 10 al 17 de febrero)

Ha sido una semana bastante atareada, también en lecturas.

LEÍDOS

Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson (Minúscula)

Cuento de hadas, de brujas, de hermanas que viven en una casa remota en medio del bosque. De muertes misteriosas y asesinatos sin resolver. De miedo y odio y talismanes protectores. De jardines, pasteles y gatos. Del amor y de la familia que nos quiere, y de la familia que nos vuelve locos. De cambios. De fuego. De príncipes codiciosos. De niños perversos. De fantasmas que están vivos. De castillos.

De todo eso y mucho más trata este libro especial y diferente, que gustará a adultos y a adolescentes tan especiales como Merricat, la protagonista de esta historia. Un clásico que ha gustado a lectores de todas las edades y a escritores tan conocidos como Stephen King, Dorothy Parker y Joyce Carol Oates, autora del estupendo posfacio que cierra esta edición y que está prohibidísimo leer hasta terminar de leer esta historia que sorprende y engancha sin que, realmente, sepa explicar muy bien por qué. Será la magia de las buenas historias.

También lo comenté en LD Libros, por si os apetece oírlo.

Nazi, komm raus!, de Christian Springer (LangenMüller)

Cuando hablamos de nazis huidos al extranjero, casi todos pensamos inmediatamente en Argentina, Brasil, Uruguay o incluso España. En la organización ODESSA. En películas como Marathon Man.

Lo que mucha gente no sabe es que destacados criminales nazis hallaron refugio en países como Egipto, Siria o Líbano. Que los países árabes cooperaron con Hitler y que personajes tan siniestros como el Gran Muftí de Jerusalén Ammin Al-Husseini o el Primer Ministro iraquí Rashid Alí eran simpatizantes y aliados de los nacionalsocialistas y pasaron la II GM en Berlín como huéspedes de Hitler.

De esa conexión nazi-árabe trata este libro, más concretamente, de la peripecia de un joven actor alemán, Christian Spinger, enamorado de Siria, que un buen día descubre que en ese país se oculta uno de los más destacados criminales nazis, Alois Brunner, la mano derecha de Eichmann.Desde ese momento, y pese a no contar con el respaldo de nadie ni con mucha información, el joven Springer se dedicará, durante años, a recoger pistas, testimonios que le conduzcan a Brunner (o, como se hace llamar en Siria, Georg Fischer). Lo más terrible de todo no es que Brunner se paseara con total impunidad por Damasco, amparado y protegido por las autoridades, ni que el régimen de los Assad negara siempre que el asesino nazi estuviera en el país: lo que horroriza y llena de vergüenza es que nadie moviera un dedo para lograr la extradición de Brunner, condenado a muerte en Francia, y buscado por cazadores de nazis como Simon Wiesenthal o los Klarsfeld. Ni Alemania, ni la UE, ni la ONU;  nadie hizo nada ni se interesó por el asunto hasta que fue tarde y por el camino “desaparecieron” importantes pruebas que podrían haber revelado mucho de lo que pasó en Alemania tras la guerra, y de las sombras del proceso de “desnazificación”.

Un libro que resulta a veces un tanto desordenado y confuso, con numerosos saltos temporales, pues su autor no es escritor ni historiador, y no acierta a saber encajar las partes históricas con las anécdotas y peripecias de su aventura siria, si bien ambas partes son muy interesantes en sí mismas: es la mezcla lo que resulta confuso. Pero se perdona porque este libro cumple un propósito muy importante: recordar a las víctimas, tratar de descubrir quién y por qué ayudó a sus asesinos y demostrar que un solo hombre, un solo justo, puede hacer mucho. O, al menos, intentarlo.

La saga del sagú de Slattery, de Flann O’Brien (Nórdica)

Un libro bien curioso, no sólo por el tema y el peculiar estilo del escritor, sino porque es el último que escribió O’Brien. Inconcluso a la muerte del autor, Nórdica recupera ahora lo poco (unos capítulos) que dejó escritos.

Es difícil juzgar esta obra; lo que se nos presenta es interesante, sugestivo, divertido y bien escrito. Afirman algunas de las críticas que acompañan a la obra que el libro prometía convertirse en el mejor del autor irlandés. Creo que lo poco que nos ha llegado no permite afirmarlo: apenas conocemos a media docena de personajes, cuya importancia posterior en la obra desconocemos. La trama no está siquiera planteada: sabemos que va a tener que ver con la misteriosa planta del sagú, con Irlanda y con los Estados Unidos, pero nada más. Ni siquiera sabemos si  O’Brien, de haber vivido, habría llegado a terminarla o, a mitad de la narración, habría decidido que no le gustaba o no le interesaba y la habría abandonado. O si la versión definitiva, de haber existido, conservaría trama y personajes tal y como se insinúan en estas pocas páginas.

Si nos centramos sólo en lo que leemos: es divertido, retrata muy bien, en algunos golpes estupendos, los caracteres de irlandeses, estadounidenses y escoceses, a los que el cáustico autor aprovecha para repartir estopa con su estilo habitual. La historia promete, y realmente se queda uno con ganas de saber cómo continuaría la obra.

El problema, y el motivo por el que creo que la editorial se equivoca al publicar este libro, es que no es una versión completa de un libro que el autor no tuvo tiempo de revisar y corregir, o una serie de cuentos que se queda a medias. Es un conjunto de capítulos que no sabemos a dónde nos llevaría si la obra continuara, y eso, en mi opinión, no es una novela, ni debe venderse como si lo fuera. Para el estudioso puede ser interesante; para el lector es frustrante. No es una “obra póstuma”, como anuncia la editorial. Es algo que se quedó a medias y no sabemos qué habría llegado a ser. No llega a la categoría de “obra”, sino de “proyecto”.

Juzgando lo escrito, un notable alto; juzgando la publicación en general, un suspenso. Especialmente porque el precio es el de un libro entero.

El hombre que plantaba árboles, de Jean Giono. Ilustraciones de Joëlle Jolivet (Duomo-Nefelibata)

Una bellísima historia, no sé si real o no, y la verdad es que eso no importa, sobre la generosidad, la humildad, el esfuerzo y el amor a la naturaleza y al ser humano. En este cuento se pone de manifiesto cómo el hombre puede ser colaborador en la labor divina. En este caso, con la muy evocadora imagen del hombre que planta semillas que dan fruto bueno y abundante; aunque éste no lo llegue a recoger el sembrador, alimentará (física y espiritualmente)  a quienes vengan después de él.

A veces de lo pequeño nace algo muy grande. De las bellotas que planta el protagonista de esta historia nacen robles, pero también esperanza, belleza y una vida nueva para muchas personas. Un libro con muchas moralejas posibles, pero que, incluso sin ellas, se puede disfrutar porque es una historia bonita, interesante y bien narrada.

Esta edición cuanta con unas preciosas ilustraciones y dos pop-ups, uno al principio de la historia y otro al final, que sirven para comprobar visualmente la diferencia que marca la acción de un sólo hombre en las vidas de muchos. Un libro perfecto para todas las edades.

LEYENDO

The Pursuit of Italy, de David Gilmour (Penguin)

Pues como ya os he contado aquí y aquí cómo iba, y esta semana sólo he podido llegar a un poco después de la Segunda Guerra Mundial, no añado más.

Me está costando acabarlo, y no porque no sea estupendo.

 

 

Hermanito y hermanita, y otros dieciséis cuentos que no están en los libros, de Jacob y Wilhelm Grimm (Nordica ebook)

Ocurre un poco con este libro como con el de Flann O’Brien que he comentado antes: son cuentos recopilados por los Hermanos Grimm y que publicaron en varias revistas, volúmenes de relatos, etc., pero que posteriormente (salvo tres o cuatro cuentos) fueron editados y reescritos por los autores para la versión definitiva de sus famosísimos libros de cuentos (en algunos casos los cambios son numerosos respecto al original). Algunas de las historias que aquí aparecen resultan chocantes, no tanto por el tema como por la estructura y el lenguaje. Me temo que será otro caso de libro que resulta curioso como anécdota o interesante para los estudiosos de la materia, pero no para el lector corriente, que puede sentirse (con razón) un tanto confundido al ver cuentos que parecen escritos por alguien que no sabe escribir. Y los Hermanos Grimm, desde luego, sabían.

Veremos cómo acaba la cosa.

¡Abajo el colejio!, de Geoffrey Willians y Donald Searle (Impedimenta)

Cuando me enteré de que habían editado este libro me eché a temblar: es, seguramente, uno de los libros más divertidos que había leído en inglés, pero su estilo, su humor, su mero planteamiento (el narrador es un escolar gamberro que escribe con faltas de ortografía bastantes para batir el récord Guinness a perpetuidad) me hacían pensar que sería intraducible.

Como de costumbre, me equivocaba. Jon Bilbao, el traductor, hace un magnífico trabajo y convierte este libro en una verdadera joya. Impresionante. Bravo a la editorial por arriesgarse y por traernos este clásico del humor inglés pata negra (o black leg, I presume) que estoy disfrutando como una enana. (Alguien me tiene que explicar un día por qué disfrutan tanto los enanos y por qué se aburren las ostras.)

COMPRADOS

 Constantine the Emperor, de David Potter (OUP); Israel: An Introduction, de Barry Rubin (Yale University Press); Christ Stopped at Eboli. The Story Of A Year, de Carlo Levi (Levi Press);  Nazis on the Run. How Hitler’s Henchmen Fled Justice, de Gerald Steinacher (OUP); Mossad, de Michael Bar-Zohar y Nissim Mishal (Ecco); When General Grant Expelled the Jews, de Michael D. Sarna (Schocken); Spies Against Armaggedon, de Yossi Melman y Dan Raviv (Levant Books); Necesario pero imposible, de Javier Gomá (Taurus); The Dialectics of Secularization, de Joseph Ratzinger y Jürgen Habermas (Ignatius Press); True Freedom: On Protecting Human Dignity and Religious Liberty, de Timothy Dolan (Random House); Prayer, de Hans Urs von Balthasar(Ignatius Press); Credo, de Hans Urs von Balthasar (Ignatius Press); Milestones, de Joseph Ratzinger (Ignatius Press); Mein Bruder der Papst, de Georg Ratzinger (Herbig); Der Schattenmann: Von Goebbels zu Carlos, de Willi Winkler (Rowohlt Berlin); Hitlers Muslime: Die Geschichte einer unheiligen Allianz, de Volker Koop (Bebra Verlag); Schweigen die Täter, reden die Enkel, de Claudia Brunner y Uwe von Seltmann (Fischer Taschenbuch); Persilscheine und fälsche Passe, de Ernst Klee (Fischer Taschenbuch); Halbmond und Hakenkreuz: Das Dritte Reich, die Araber und Palästina, de Klaus Mallmann und Martin Cüppers (Primus Verlag).

Los libros de la semana (Del 1 al 8 de febrero )

Esta semana con un poco de bastante retraso, pero allá vamos.

LEÍDOS

Las fuentes del afecto. Cuentos dublineses, de Maeve Brennan (Alfabia)

Recopilación de cuentos publicados por la autora en New Yorker y Harper’s Bazaar.

El título es un tanto engañoso, pues la ciudad de Dublín no es la gran protagonista de estas historias; salvo en unos cuantos de los relatos, el hecho de que transcurran en Dublín o no es irrelevante. Sí aparece la ciudad como telón de fondo, pero el libro se podría haber llamado igualmente “Cuentos irlandeses”, por ejemplo, porque lo que sí está presente en todo momento es el espíritu irlandés, ese algo especial que hace que, pese a tener un estilo propio y una forma de narrar muy interesante y personal, el libro me haya recordado mucho a Joyce (el de Los muertos), a Seamus O’Kelley o a Liam O’Flaherty, a los que he leído hace poco.

El libro se divide en tres bloques: el primero, de relatos autobiográficos de la autora, que recuerda su infancia en Dublín. En los otros dos los protagonistas son dos familias, los Derdon y los Bagot. El tono amable y ligero de los primeros relatos da paso a otro en el que los protagonistas revelan su vacío, su desazón ante una vida gris y un matrimonio en el que, quizá, nunca hubo amor, sólo una chispa de deseo que el egoísmo, el hastío y la rutina pronto sofocaron.

No son grandes tragedias ni dramones victorianos, “sólo” relatos muy bien escritos en los que se nos muestra a unos personajes profundamente reales: ni muy buenos ni muy malos, sólo humanos.

Un libro y una autora altamente recomendables, como comenté en el LD Libros de la semana pasada.

Virginia Woolf, de Michèle Glazier y Bernard Ciccolini (Impedimenta)

Una biografía muy original de Virginia Woolf, en forma de cómic. Llego a ella gracias a la reseña de Carmen Carbonell en LD Libros (aquí, desde el minuto 22:50, aunque el resto del programa es también muy recomendable). Nunca me ha conseguido gustar lo poco que he leído de la escritora, pero me parece muy interesante su vida (lo que no quiere decir que me guste). Este cómic constituye una buena aproximación que, ciertamente, te deja con ganas de saber más de ella y de los integrantes de su círculo de amigos, el muy progre “Grupo de Bloomsbury”.

Los dibujos no son especialmente impresionantes, según mi opinión: hay dibujantes que me gustan más, pero creo que el estilo se adapta bien a la vida turbulenta de Virginia Woolf, a sus dramas, su enfermedad, su desasosiego. Sí es bonito ese aire de haber sido hechos a la acuarela, que les otorga un encanto especial. En cuanto al texto, evidentemente no puede profundizar demasiado, pero creo que ahí radica su mérito, en dejar al lector con ganas de saber más. Personalmente, me parece un tanto discutible que se hayan escogido una serie de anécdotas de la biografía de Woolf un tanto irrelevantes por el mero hecho de que se refieran a Francia (país de los autores del libro). Salvo por ese detalle, me parece bastante objetivo y, pese a que en la vida de Virginia Woolf hubo mucho de escabroso, los autores consiguen narrar esos aspectos sin resultar morbosos, con bastante elegancia.

La frontera, de Franco Vegliani (Minúscula)

En realidad lo terminé la semana pasada, pero como no hubo entrada en el blog, lo incluyo ahora. Es una obra desasosegante, en la que se entrecruzan las vidas de dos soldados italianos, uno de la Primera Guerra Mundial y otro de la Segunda. Ambos son originarios de la misma región, entre Friuli e Istria, que el autor, Vegliani, conocía bien por ser nativo de Trieste.

El drama de los habitantes de esa región es indudable; simples peones en manos de venecianos, austrohúngaros, Napoleón, piamonteses, italianos, yugoeslavos… Y además con la “ayuda” de las potencias europeas, que negociaron con su pertenencia a uno o a otro país por meros criterios estratégicos.

Emidio Orlich, soldado triestino en el ejército austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial, ve cómo su vida, que parecía correr por raíles bien establecidos, cambia radicalmente con la guerra: descubre el amor, la pasión, el miedo y, sobre todo, cuestiona su propio patriotismo cuando conoce a un soldado eslavo de otra compañía que es detenido por traición. Mirado con suspicacia por superiores y compañeros de armas por el hecho de ser italoparlante, Emidio deberá tomar una terrible decisión que tendrá trágicas consecuencias.

Años después, en plena Segunda Guerra Mundial, su historia es rememorada por su tío, el viejo pescador istriano Simeone que, en la Dalmacia ocupada por Italia, explica a un soldado italiano la trágica historia de Emidio, pues cree adivinar que entre ambos soldados hay más coincidencias de lo que parece.

Un clásico de la literatura triestina que conmueve y desasosiega; sin embargo, no sé si porque influye la traducción, que no me convence, el estilo del autor no me acaba de enganchar: tiende mucho a anticipar lo que va a suceder a continuación , insinuando más que contando, con lo que se carga toda posible sorpresa. Indudablemente, si su objetivo era crear una tensión agobiante en el lector y ganas de sacudir al a ratos muy cansino protagonista, lo logra con creces. Con todo, en mi opinión, notable.

LEYENDO

The Pursuit of Italy, de David Gilmour (Penguin)

Lenta, pero sin pausa, sigo avanzando en este libro estupendo. Pese a las salvedades que comenté la última vez que hablé de él, es un libro que considero imprescindible para cualquier interesado en la historia de Italia en general y de su “unificación” en particular.  Durante esta semana he podido leer como desmonta mitos, expone las miserias de los “grandes hombres” del Risorgimento y narra la “unificación” como lo que realmente fue: una anexión-absorción por parte del Piamonte. Ahora estoy con la época de Mussolini, al que está repartiendo estopa a base de bien, pero, con su ecuanimidad habitual (salvo cuando se trata de la Iglesia -para mal- y de algunos de sus personajes favoritos -para bien) señala también que el Duce no fue, ni mucho menos, un monstruo a la altura de Hitler, Lenin o Stalin. Cada cosa lo que sea. Exagerar y comparar lleva a deformar la realidad y a escribir una historia irreal.

Espero acabarlo esta semana.

Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson (Minúscula)

Un sorprendente cuento sobre dos hermanas que viven en una mansión en medio de un bosque, aisladas voluntariamente de los habitantes del pueblo vecino, que las odian y temen. ¿Por qué iban a odiar a dos jóvenes bellas, ricas y alegres? Porque seis años atrás toda la familia de las muchachas, salvo su anciano tío Julian, que quedó con graves secuelas, murió asesinada, envenenada con arsénico, al parecer por la hija mayor, Constance.

La historia nos la narra Mary Katherine, Merricat, la hija menor superviviente de la tragedia, una adolescente enigmática y diferente, que trata de proteger a su hermana Constance y a sí misma del odio de sus vecinos y de cualquier cambio que perturbe su existencia con una serie de amuletos, rituales y pensamientos de lo más peculiar.

Inquietante, divertida, dramática y espeluznante a ratos, este libro es todo un descubrimiento. A punto de terminarla.

Miguel Ángel. Obra completa, de William E. Wallace (Electa)

Espectacular volumen, por tamaño y calidad. Fotos excelentes de las obras del gran Miguel Ángel, analizadas y comentadas por William E. Wallace, gran conocedor de su obra. Incluye una amena, si bien breve, introducción biográfica. Ágil, accesible y rigurosa. Indudablemente, hay obras dedicadas a un público más experto en las que se realiza un análisis mucho más profundo y extenso, pero este libro constituye una buena obra de referencia y una adecuada introducción a la obra del genio florentino.

Ya he terminado con la escultura, ahora a por la pintura.

COMPRADOS

The Politically Incorrect Guide to the Presidents, de Steven F.Hayward (Regnery);  María Estuardo, de Stefan Zweig (Acantilado); Nazi, komm raus, de Christian Springer (Herbig); Classical Art, de Mary Beard y John Henderson (OUP); Historia criminal del comunismo, de Fernando Díaz Villanueva; Verano en English  Creek, de Ivan Doig (Libros del Asteroide)…

Libros de la semana

He tenido la idea de contar por aquí cada semana los libros que he leído, los que estoy leyendo y los que he comprado. No significa que vaya a hacer una crítica a fondo de cada uno porque sería un tostón, pero sí una pequeña reseña que igual os puede servir de guía o siquiera de distracción. A ver qué tal sale y si me disciplino para hacerlo.

LEÍDOS

La noche en que Frankenstein leyó el Quijote , de Santiago Posteguillo (Planeta, edición Kindle)

Una simpática recopilación de anécdotas relacionadas con el mundo de los libros y sus autores. Las anécdotas son breves e interesantes, pero el estilo con el que las narra el autor no acaba de convencerme. Parece algo rígido, poco natural, como de libro de texto antiguo. Además, recurre en numerosas ocasiones a la dramatización de los hechos, lo que es perfectamente admisible, pero que, al no existir notas ni aclaraciones, lleva a no poderse distinguir entre realidad y ficción en sus narraciones.
En suma, un libro agradable, que se puede leer sin seguir un orden especial (en el libro las anécdotas aparecen por orden cronológico de autores)  a ratos perdidos. Así, la versión electrónica es ideal para leer en el metro o el autobús.

Y las cucharillas eran de Woolworths, de Barbara Comyns (Alba, col. Rara avis).

Novela semiautobiográfica, en la que se nos narran las desventuras de un joven matrimonio de artistas en los años treinta. Los protagonistas son dos inocentes y, por qué no, descerebrados aprendices de artista en el Londres de entreguerras. Sin conocerse apenas, deciden casarse. Son dos personas que no saben nada de la vida real y mucho menos del matrimonio: él es un pintor mediocre al que le han metido en la cabeza que es un genio y que considera poco menos que indigno trabajar en algo que no sea “su arte”. Incapaz siquiera de calcular el precio de un alquiler mensual a partir del anual, es el marido más inútil y egoísta que pueda imaginarse.

Ella es inocente hasta el límite de la estultez. Cree que el control de natalidad consiste en decirse con mucha concentración “no tendré hijos”, ignora todo sobre cómo llevar una casa y, aún así, es capaz de madurar mucho más deprisa que su marido, sobre todo al llegar su primer hijo, no deseado por su esposo, que odia a los niños, lo que tendrá trágicas consecuencias.

No quiero desvelar más, sólo señalar que, pese a que hay momentos duros y tristes en el libro, especialmente sabiendo que están basados en experiencias reales, lo que predomina en el libro es el optimismo y frescura de la autora. Hay momentos muy divertidos, y la sensación final que deja la lectura es de alegría y ganas de salir adelante.

En cuanto a la autora, la vida de Comyns da no para una, sino para varias novelas: casada con un artista, el matrimonio (en el que se basa esta obra) acabó fracasando y ella se unió a un contrabandista de arte. Para mantener a los hijos fruto de su primer matrimonio desempeñó toda clase de empleos, desde criadora de caniches a afinadora de pianos. Durante la guerra, una vez separada del contrabandista, trabajó como cocinera en una granja, donde comenzó a escribir historias para entretener a sus hijos. Tras la guerra se casó con su segundo marido, Richrad Comyns, un funcionario del Foreign Office, y comenzó a publicar sus novelas, en gran parte autobiográficas. Su marido estaba relacionado con Kim Philby, uno de los espías del Círculo de Cambridge, y al ver que las autoridades sospechaban de él, decidió huir junto a su familia: vivieron varios años en España (Ibiza y Barcelona) antes de regresar a Inglaterra, donde Comyns falleció en 1992. ¿Vida de novela, eh?

Y si con esto no os he aburrido del todo, podéis escuchar mi reseña en el LD Libros del sábado pasado.

LEYENDO

The Pursuit of Italy , de David Gilmour (Penguin, edición Kindle)

Un libro que me está gustando mucho, pese a que al autor se le ve la patita anticatólica en varias ocasiones. De todas formas es muy interesante ver cómo la “unificación” italiana fue completamente artificial y cómo la idea de Italia, de una Italia unida, ha ido evolucionando con los siglos. No es una historia de Italia al uso, ojo, sino una historia de la unidad de Italia desde la Antigüedad hasta nuestros días, y un análisis de los factores que han influido en ella: geográficos, históricos, culturales, lingüísticos… Seguiremos informando.

La frontera, de Franco Vegliani (Minúscula)

Una novela en la que se mezclan dos guerras mundiales y las experiencias de dos soldados italianos, unidos por más coincidencias de lo que parece. Ambientada en esa tierra tan disputada, la franja del Adriático entre Venecia y Dalmacia: Trieste, Istria, las islas dálmatas… han cambiado de manos durante buena parte de su historia reciente. Una historia trágica, como me temo que va a ser la de estos dos soldados. Me parece que aquí muere hasta el apuntador. Veremos. Lo he comprado porque me interesa mucho la historia de esa región.

Historia, de Amiano Marcelino (Akal)

Lo he comprado para documentarme, porque estoy estudiando esa época ahora mismo, concretamente las invasiones godas y la batalla de Adrianópolis. Muy buena edición, y reconozco que mi debilidad son los historiadores clásicos. Me lo estoy pasando bomba, pese a que la broma me ha costado 30 eurazos (y eso que los muchachos de Akal tuitearon la semana pasada que están a favor de la cultura gratuita).

COMPRADOS

Historia, de Amiano Marcelino (Akal) ; Ciudad abierta, de Teju Cole (Acantilado); I vicerè, de Federico de Roberto (Feltrinelli).

Pues hala, a leer.

Lecturas navideñas

¡Feliz Navidad!

Supongo que todos tenemos nuestras tradiciones navideñas: ir a Misa del Gallo, servir determinado menú, cantar los villancicos favoritos, ver la misma película todos los años… Otros pasamos la tarde, tras la pantagruélica comida (Nota: ¿Por qué celebramos estas fiestas comiendo como si el mundo fuera a acabar? Es algo que se me escapa) durmiendo tranquilamente la siesta o, como es mi caso, leyendo.

El otro día escribí para el blog de LD Libros una entrada comentando algunas de las novedades editoriales que tienen como tema la Navidad. Pero aquí, entre nosotros, os confesaré que yo, todos los años, desde que tenía 7 u 8, leo siempre en la tarde de Navidad un relato de Sherlock Holmes: El carbunclo azul.

Esta aventura, publicada originalmente, como la mayoría de relatos sobre el gran detective, en el Strand Magazine, fue incluida posteriormente en el libro Las aventuras de Sherlock Holmes (1892). Sé que no soy nada original, porque miles de holmesianos en todo el mundo tenemos la misma costumbre: leer la “aventura navideña” de Sherlock el día de Navidad o en los inmediatamente posteriores.

Esta aventura, la única de la que se menciona explicitamente que se desarrolle en época navideña, es una de mis favoritas. No ocurren en ella crímenes espeluznantes, pero en ella Sherlock Holmes muestra su personalidad más genuina, aquélla que, lejos de los estereotipos, más apreciamos los seguidores del gran detective. Así, en este breve relato Holmes muestra sus impresionantes poderes de deducción, su energía y su capacidad de acción, como de costumbre, pero también  su sentido socarrón del humor, su afición a la buena mesa, su cordialidad y respeto hacia los más humildes y su gran humanidad. Sí, Sherlock Holmes, el gran detective, el terror de los criminales, también se ve atrapado por el espíritu navideño en esta divertida y amenísima aventura. “Al fin y al cabo, ésta es la época del perdón”, concluye nuestro héroe.

No os desvelo más; recomiendo vivamente la lectura de este simpático y navideño relato, pero, sobre todo, os deseo una muy feliz Navidad y, aunque espero dejar alguna entrada más antes de que concluya el año, un dichoso y próspero Año Nuevo.

Los archivos pulineros: Quijotes del libro

Hoy he querido recuperar esta reseña que escribí para Libertad Digital de uno de los libros que más me han gustado este año, La librería ambulante.

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¿Cuál es la mejor ocupación del mundo? Para quienes amamos los libros, cualquiera de los relacionados con ellos podría ser el trabajo ideal.

¿Quién no ha soñado con montar una pequeña librería, incluso una editorial, abandonar un trabajo de oficina que no colma las aspiraciones propias y dedicarse a lo que realmente le satisface? Algunos, más emprendedores y valientes, cumplen su sueño. Pocos, sin embargo, son los que lo hacen de una forma tan original como la que se nos relata en La librería ambulante.

Helen McGill, una digna y respetable solterona de Nueva Inglaterra, vive consagrada a su granja y al cuidado de su hermano, un autor de éxito. Sus días están ocupados en hornear pan, vigilar que las gallinas pongan, llevar las cuentas y preparar, tres veces al día, sustanciosas comidas. Todo ello lo hace con entusiasmo, mimo y orgullo. Pero su vida cambia cuando una mañana llega a su granja un curioso hombrecillo a bordo de un no menos curioso vehículo: la librería ambulante que da título a la novela.

Todos estamos familiarizados, gracias al cine y la literatura, con los charlatanes y buhoneros que antaño recorrían las zonas rurales de Estados Unidos. En sus carromatos, llevaban todo tipo de mercancías ­­–desde los utensilios más modernos a los brebajes pseudomilagrosos más inútiles– a granjas y aldeas aisladas, donde su llegada era un gran acontecimiento. Frank Mifflin, el propietario de nuestra librería ambulante, es pariente cercano de estos mercaderes, pero a él le mueve un celo cuasi evangelizador: desea llevar la literatura, la buena literatura, a todos los rincones del país.

A algunos leer puede parecerles una frivolidad, un pasatiempo sin más. Cuántos son los que afirman que no leen porque no tienen tiempo. Precisamente ellos, quizá, son quienes más lo necesitan. Como la señorita MacGill, tan absorta en su trabajo, tan ocupada con los quehaceres diarios, que ve pasar la vida sin más objetivo que la comida del día siguiente, sin más ilusión que ahorrar lo suficiente del dinero que le produce la venta de huevos para comprarse un Ford modelo T que le sirva de ayuda en la granja. Vive rodeada de las maravillas de la naturaleza, pero apenas sale a contemplar una hermosa puesta de sol. No tiene tiempo, así que cómo va a perderlo leyendo.

La literatura, afirma Mifflin, no es sólo para los grandes intelectuales. No es un misterio al alcance de unos pocos que puedan apreciarla en todo su valor, un disfrute para las mentes más nobles y exquisitas. El protagonista de nuestra novela cree que precisamente son las gentes más simples, las que viven una dura existencia dedicadas a sus modestos trabajos y al cuidado de sus familias en pueblos remotos, quienes que más necesitan del consuelo y el disfrute que proporciona la lectura. Pero no basta con recomendarles leer, aunque se trate de libros excelentes, apunta el dueño de la librería: hay que ir hasta cada persona, conocerla, comprender sus intereses, leerle cuentos, poesías, novelas; dar a cada uno el libro ideal. Y ésa es la ilusión de su vida.

Frank Mifflin es, pues, el librero perfecto: un hombre que no busca sólo vender libros, sino hallar el libro perfecto para cada lector. Un Don Quijote al que los libros han robado el alma sin hacerle perder el seso. Ama la literatura y vive para ella, pero también ama a las personas y desea compartir con ellas la felicidad que transmite la lectura de un buen libro; por eso recorre los Estados Unidos bajo el sol, la lluvia y la nieve, a bordo de su caravana, con la sola compañía de su yegua y su perro Bock (por Bocaccio), viviendo mil peripecias extraordinarias. Su locura es conseguir que no haya un hogar sin un buen libro, pues los libros, para él, nos hacen verdaderos seres humanos.

Este Quijote improbable, bajito, calvo y aparentemente insignificante encontrará un Sancho aún más improbable: una solterona gruesa, pragmática y nada sentimental. Una mujer que siente que la vida no le tiene reservado nada mejor que hornear hogaza tras hogaza de pan hasta que el librero se cruza en su camino. Y, sorprendentemente, se contagia de su locura. Sancho se vuelve más Quijote que el propio Quijote: Helen se convierte en una mujer diferente, más aventurera, decidida e idealista que el pequeño librero cuando éste le descubre una nueva vida gracias a los libros. En realidad, lo único que sucede es que éstos sacan de ella lo mejor, su verdadero yo. Un buen libro es a la vez una pantalla que nos muestra otros mundos, otras vidas, un espejo que refleja aspectos de nosotros mismos que desconocemos.

Christopher Morley (1890-1957), el autor de La librería ambulante, es uno de esos grandes escritores estadounidenses prácticamente desconocidos en España. Sus novelas y relatos cautivaron por igual a los grandes autores y al público de su tiempo. Hay mucho de él en su personaje de Frank Mifflin: Morley también recorrió los Estados Unidos de punta a punta, también amaba los libros y se esforzaba por llevar a la gente la buena literatura. La librería ambulante fue su primera novela, y en ella encontramos muchos de los temas que desarrollará en su obra posterior: la idea de la literatura como algo universal y necesario, no sólo al alcance de unos elegidos; el elogio de la vida rural y de las gentes sencillas; la defensa de la originalidad y la disconformidad… Si estamos perfectamente satisfechos con nuestras vidas nunca progresaremos, nunca alcanzaremos nuestra plenitud. El progreso llega gracias a la insatisfacción, a la idea de que es posible mejorar. Debemos volcarnos en cada tarea que acometamos, tratar de hacer las cosas cada vez mejor, porque eso es lo que nos hace avanzar, y con nosotros avanzará el mundo. Para Mifflin y la señorita McGill, la mejor de las empresas es la de llevar a todas partes el amor por el libro y por los hombres. Hay una empresa, un trabajo ideal para cada uno de nosotros: el que saque lo mejor de nosotros mismos y nos haga avanzar más.

Morley posee un entusiasmo contagioso y la rara virtud de hacer que el lector sienta que el libro le habla directamente. Al leer La librería ambulante uno experimenta la sensación de que el autor le conoce, sabe cómo es su vida, cuáles son sus secretas aspiraciones y frustraciones; experimenta el absurdo orgullo de que algo ha sido escrito sólo para sus ojos. Es casi como si pudiéramos sentir que acompañamos a Helen y Frank a bordo de su caravana y reflexionamos con ellos sobre lo que los libros significan para nosotros.



Hoy, gracias a la tecnología, muchos afortunados podemos tener nuestras propias librerías ambulantes: plataformas electrónicas que hacen posible que llevemos con nosotros miles de volúmenes en el espacio que ocuparía una revista, que los libros estén en todas partes sin que haya que desplazarlos. Pero no por eso las personas como Mifflin son menos necesarias; al contrario: hace más falta que nunca gente que conozca bien los libros y a las personas, que sepan separar el grano de la paja y dar a cada uno el compañero perfecto, el libro que necesita en cada momento aun cuando no sea consciente de ello. Necesitamos buenos libreros, bibliotecarios, editores y escritores: nuestros Quijotes del libro.

CHRISTOPHER MORLEY: LA LIBRERÍA AMBULANTE. Periférica (Cáceres), 2012, 184 páginas. Traducción de Juan Sebastián Cárdenas