Gracias, Benedicto XVI

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En un día en el que a católicos y no católicos nos sorprendía la renuncia de Su Santidad el Papa Benedicto XVI, me han dejado especialmente estupefacta (aunque ya debería estar acostumbrada) la mezquindad, miseria moral e intelectual y la simple tontería de quienes, sin pararse en barras, se dedican a opinar en los medios de un asunto sobre el que ni tienen conocimientos (las chorradas que he podido escuchar en una sola mañana en diferentes medios sobre Derecho canónico, historia de la Iglesia y  sobre el papado en general dan para varias wikipedias) ni interés alguno por adquirirlos.

Como sería largo citar todas las reacciones, vamos a poner unas pocas como muestra: tenemos a la intelectual que opina desde el respeto y el conocimiento, al fanático miembro de otra religión que  nos deja un comentario lleno de tolerancia y verdad, y, afortunadamente, y ya en serio, a quien muestra de verdad su respeto y es coherente con los hechos y con la trayectoria de un gran intelectual y un gran Papa.

Yo he pasado una mañana entre la incredulidad, la pena y, finalmente, la gratitud a Benedicto XVI por este último gesto de grandeza, generosidad, humildad y honestidad. He recordado los últimos años de Juan Pablo II. No se trata ahora de cuestionar si éste hizo bien o mal en seguir adelante pese a su enfermedad, ni de comparar su decisión con la de Benedicto XVI, para empezar porque no soy quien. Pero sí he pensado que el cardenal Ratzinger estuvo junto a él también en esos años, viendo el deterioro del Papa, sufriendo también por las críticas que se le hacían cuestionando a su persona, al papado e incluso a la Iglesia (algunos aprovechan cualquier ocasión). Y también supongo, no lo sé, que debió de ver cómo muchos  dentro y fuera de la Iglesia aprovechaban esos momentos de debilidad para hacer y deshacer a su antojo, para manejar los hilos y tomar decisiones que un Papa fuerte y en plenitud no habría quizá aprobado.

Es mi opinión personal, simplemente, que una de las razones del Papa para dimitir puede haber sido precisamente evitar que en su caso llegue a pasar algo similar. Cuando físicamente se encuentra muy débil, enfermo y cansado, pero mentalmente sigue conservando las facultades extraordinarias que posee, y sin duda tras honda meditación y oración, ha decidido que esta es la mejor decisión para la Iglesia.

Sólo cabe agradecerle, una vez más, su gesto, su ejemplo y su magisterio. Para mí ha sido y es un gran Papa, un hombre que con su ejemplo y sus escritos me ha iluminado y ayudado en momentos de gran dolor y confusión. Un hombre que ha cumplido lo que dijo al iniciar su breve pontificado:

Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia.

Estas palabras las ha recordado Juan Antonio Cabrera, sacerdote agustino, en el excelente artículo que ha escrito para Libertad Digital y que os recomiendo encarecidamente a todos. Se agradece leer algo tan sensato, mesurado y bien fundado. Especialmente sabiendo que las tonterías que hemos escuchado hoy no son nada comparado con lo que nos espera.

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Los libros de la semana (Del 1 al 8 de febrero )

Esta semana con un poco de bastante retraso, pero allá vamos.

LEÍDOS

Las fuentes del afecto. Cuentos dublineses, de Maeve Brennan (Alfabia)

Recopilación de cuentos publicados por la autora en New Yorker y Harper’s Bazaar.

El título es un tanto engañoso, pues la ciudad de Dublín no es la gran protagonista de estas historias; salvo en unos cuantos de los relatos, el hecho de que transcurran en Dublín o no es irrelevante. Sí aparece la ciudad como telón de fondo, pero el libro se podría haber llamado igualmente “Cuentos irlandeses”, por ejemplo, porque lo que sí está presente en todo momento es el espíritu irlandés, ese algo especial que hace que, pese a tener un estilo propio y una forma de narrar muy interesante y personal, el libro me haya recordado mucho a Joyce (el de Los muertos), a Seamus O’Kelley o a Liam O’Flaherty, a los que he leído hace poco.

El libro se divide en tres bloques: el primero, de relatos autobiográficos de la autora, que recuerda su infancia en Dublín. En los otros dos los protagonistas son dos familias, los Derdon y los Bagot. El tono amable y ligero de los primeros relatos da paso a otro en el que los protagonistas revelan su vacío, su desazón ante una vida gris y un matrimonio en el que, quizá, nunca hubo amor, sólo una chispa de deseo que el egoísmo, el hastío y la rutina pronto sofocaron.

No son grandes tragedias ni dramones victorianos, “sólo” relatos muy bien escritos en los que se nos muestra a unos personajes profundamente reales: ni muy buenos ni muy malos, sólo humanos.

Un libro y una autora altamente recomendables, como comenté en el LD Libros de la semana pasada.

Virginia Woolf, de Michèle Glazier y Bernard Ciccolini (Impedimenta)

Una biografía muy original de Virginia Woolf, en forma de cómic. Llego a ella gracias a la reseña de Carmen Carbonell en LD Libros (aquí, desde el minuto 22:50, aunque el resto del programa es también muy recomendable). Nunca me ha conseguido gustar lo poco que he leído de la escritora, pero me parece muy interesante su vida (lo que no quiere decir que me guste). Este cómic constituye una buena aproximación que, ciertamente, te deja con ganas de saber más de ella y de los integrantes de su círculo de amigos, el muy progre “Grupo de Bloomsbury”.

Los dibujos no son especialmente impresionantes, según mi opinión: hay dibujantes que me gustan más, pero creo que el estilo se adapta bien a la vida turbulenta de Virginia Woolf, a sus dramas, su enfermedad, su desasosiego. Sí es bonito ese aire de haber sido hechos a la acuarela, que les otorga un encanto especial. En cuanto al texto, evidentemente no puede profundizar demasiado, pero creo que ahí radica su mérito, en dejar al lector con ganas de saber más. Personalmente, me parece un tanto discutible que se hayan escogido una serie de anécdotas de la biografía de Woolf un tanto irrelevantes por el mero hecho de que se refieran a Francia (país de los autores del libro). Salvo por ese detalle, me parece bastante objetivo y, pese a que en la vida de Virginia Woolf hubo mucho de escabroso, los autores consiguen narrar esos aspectos sin resultar morbosos, con bastante elegancia.

La frontera, de Franco Vegliani (Minúscula)

En realidad lo terminé la semana pasada, pero como no hubo entrada en el blog, lo incluyo ahora. Es una obra desasosegante, en la que se entrecruzan las vidas de dos soldados italianos, uno de la Primera Guerra Mundial y otro de la Segunda. Ambos son originarios de la misma región, entre Friuli e Istria, que el autor, Vegliani, conocía bien por ser nativo de Trieste.

El drama de los habitantes de esa región es indudable; simples peones en manos de venecianos, austrohúngaros, Napoleón, piamonteses, italianos, yugoeslavos… Y además con la “ayuda” de las potencias europeas, que negociaron con su pertenencia a uno o a otro país por meros criterios estratégicos.

Emidio Orlich, soldado triestino en el ejército austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial, ve cómo su vida, que parecía correr por raíles bien establecidos, cambia radicalmente con la guerra: descubre el amor, la pasión, el miedo y, sobre todo, cuestiona su propio patriotismo cuando conoce a un soldado eslavo de otra compañía que es detenido por traición. Mirado con suspicacia por superiores y compañeros de armas por el hecho de ser italoparlante, Emidio deberá tomar una terrible decisión que tendrá trágicas consecuencias.

Años después, en plena Segunda Guerra Mundial, su historia es rememorada por su tío, el viejo pescador istriano Simeone que, en la Dalmacia ocupada por Italia, explica a un soldado italiano la trágica historia de Emidio, pues cree adivinar que entre ambos soldados hay más coincidencias de lo que parece.

Un clásico de la literatura triestina que conmueve y desasosiega; sin embargo, no sé si porque influye la traducción, que no me convence, el estilo del autor no me acaba de enganchar: tiende mucho a anticipar lo que va a suceder a continuación , insinuando más que contando, con lo que se carga toda posible sorpresa. Indudablemente, si su objetivo era crear una tensión agobiante en el lector y ganas de sacudir al a ratos muy cansino protagonista, lo logra con creces. Con todo, en mi opinión, notable.

LEYENDO

The Pursuit of Italy, de David Gilmour (Penguin)

Lenta, pero sin pausa, sigo avanzando en este libro estupendo. Pese a las salvedades que comenté la última vez que hablé de él, es un libro que considero imprescindible para cualquier interesado en la historia de Italia en general y de su “unificación” en particular.  Durante esta semana he podido leer como desmonta mitos, expone las miserias de los “grandes hombres” del Risorgimento y narra la “unificación” como lo que realmente fue: una anexión-absorción por parte del Piamonte. Ahora estoy con la época de Mussolini, al que está repartiendo estopa a base de bien, pero, con su ecuanimidad habitual (salvo cuando se trata de la Iglesia -para mal- y de algunos de sus personajes favoritos -para bien) señala también que el Duce no fue, ni mucho menos, un monstruo a la altura de Hitler, Lenin o Stalin. Cada cosa lo que sea. Exagerar y comparar lleva a deformar la realidad y a escribir una historia irreal.

Espero acabarlo esta semana.

Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson (Minúscula)

Un sorprendente cuento sobre dos hermanas que viven en una mansión en medio de un bosque, aisladas voluntariamente de los habitantes del pueblo vecino, que las odian y temen. ¿Por qué iban a odiar a dos jóvenes bellas, ricas y alegres? Porque seis años atrás toda la familia de las muchachas, salvo su anciano tío Julian, que quedó con graves secuelas, murió asesinada, envenenada con arsénico, al parecer por la hija mayor, Constance.

La historia nos la narra Mary Katherine, Merricat, la hija menor superviviente de la tragedia, una adolescente enigmática y diferente, que trata de proteger a su hermana Constance y a sí misma del odio de sus vecinos y de cualquier cambio que perturbe su existencia con una serie de amuletos, rituales y pensamientos de lo más peculiar.

Inquietante, divertida, dramática y espeluznante a ratos, este libro es todo un descubrimiento. A punto de terminarla.

Miguel Ángel. Obra completa, de William E. Wallace (Electa)

Espectacular volumen, por tamaño y calidad. Fotos excelentes de las obras del gran Miguel Ángel, analizadas y comentadas por William E. Wallace, gran conocedor de su obra. Incluye una amena, si bien breve, introducción biográfica. Ágil, accesible y rigurosa. Indudablemente, hay obras dedicadas a un público más experto en las que se realiza un análisis mucho más profundo y extenso, pero este libro constituye una buena obra de referencia y una adecuada introducción a la obra del genio florentino.

Ya he terminado con la escultura, ahora a por la pintura.

COMPRADOS

The Politically Incorrect Guide to the Presidents, de Steven F.Hayward (Regnery);  María Estuardo, de Stefan Zweig (Acantilado); Nazi, komm raus, de Christian Springer (Herbig); Classical Art, de Mary Beard y John Henderson (OUP); Historia criminal del comunismo, de Fernando Díaz Villanueva; Verano en English  Creek, de Ivan Doig (Libros del Asteroide)…

Libros de la semana

He tenido la idea de contar por aquí cada semana los libros que he leído, los que estoy leyendo y los que he comprado. No significa que vaya a hacer una crítica a fondo de cada uno porque sería un tostón, pero sí una pequeña reseña que igual os puede servir de guía o siquiera de distracción. A ver qué tal sale y si me disciplino para hacerlo.

LEÍDOS

La noche en que Frankenstein leyó el Quijote , de Santiago Posteguillo (Planeta, edición Kindle)

Una simpática recopilación de anécdotas relacionadas con el mundo de los libros y sus autores. Las anécdotas son breves e interesantes, pero el estilo con el que las narra el autor no acaba de convencerme. Parece algo rígido, poco natural, como de libro de texto antiguo. Además, recurre en numerosas ocasiones a la dramatización de los hechos, lo que es perfectamente admisible, pero que, al no existir notas ni aclaraciones, lleva a no poderse distinguir entre realidad y ficción en sus narraciones.
En suma, un libro agradable, que se puede leer sin seguir un orden especial (en el libro las anécdotas aparecen por orden cronológico de autores)  a ratos perdidos. Así, la versión electrónica es ideal para leer en el metro o el autobús.

Y las cucharillas eran de Woolworths, de Barbara Comyns (Alba, col. Rara avis).

Novela semiautobiográfica, en la que se nos narran las desventuras de un joven matrimonio de artistas en los años treinta. Los protagonistas son dos inocentes y, por qué no, descerebrados aprendices de artista en el Londres de entreguerras. Sin conocerse apenas, deciden casarse. Son dos personas que no saben nada de la vida real y mucho menos del matrimonio: él es un pintor mediocre al que le han metido en la cabeza que es un genio y que considera poco menos que indigno trabajar en algo que no sea “su arte”. Incapaz siquiera de calcular el precio de un alquiler mensual a partir del anual, es el marido más inútil y egoísta que pueda imaginarse.

Ella es inocente hasta el límite de la estultez. Cree que el control de natalidad consiste en decirse con mucha concentración “no tendré hijos”, ignora todo sobre cómo llevar una casa y, aún así, es capaz de madurar mucho más deprisa que su marido, sobre todo al llegar su primer hijo, no deseado por su esposo, que odia a los niños, lo que tendrá trágicas consecuencias.

No quiero desvelar más, sólo señalar que, pese a que hay momentos duros y tristes en el libro, especialmente sabiendo que están basados en experiencias reales, lo que predomina en el libro es el optimismo y frescura de la autora. Hay momentos muy divertidos, y la sensación final que deja la lectura es de alegría y ganas de salir adelante.

En cuanto a la autora, la vida de Comyns da no para una, sino para varias novelas: casada con un artista, el matrimonio (en el que se basa esta obra) acabó fracasando y ella se unió a un contrabandista de arte. Para mantener a los hijos fruto de su primer matrimonio desempeñó toda clase de empleos, desde criadora de caniches a afinadora de pianos. Durante la guerra, una vez separada del contrabandista, trabajó como cocinera en una granja, donde comenzó a escribir historias para entretener a sus hijos. Tras la guerra se casó con su segundo marido, Richrad Comyns, un funcionario del Foreign Office, y comenzó a publicar sus novelas, en gran parte autobiográficas. Su marido estaba relacionado con Kim Philby, uno de los espías del Círculo de Cambridge, y al ver que las autoridades sospechaban de él, decidió huir junto a su familia: vivieron varios años en España (Ibiza y Barcelona) antes de regresar a Inglaterra, donde Comyns falleció en 1992. ¿Vida de novela, eh?

Y si con esto no os he aburrido del todo, podéis escuchar mi reseña en el LD Libros del sábado pasado.

LEYENDO

The Pursuit of Italy , de David Gilmour (Penguin, edición Kindle)

Un libro que me está gustando mucho, pese a que al autor se le ve la patita anticatólica en varias ocasiones. De todas formas es muy interesante ver cómo la “unificación” italiana fue completamente artificial y cómo la idea de Italia, de una Italia unida, ha ido evolucionando con los siglos. No es una historia de Italia al uso, ojo, sino una historia de la unidad de Italia desde la Antigüedad hasta nuestros días, y un análisis de los factores que han influido en ella: geográficos, históricos, culturales, lingüísticos… Seguiremos informando.

La frontera, de Franco Vegliani (Minúscula)

Una novela en la que se mezclan dos guerras mundiales y las experiencias de dos soldados italianos, unidos por más coincidencias de lo que parece. Ambientada en esa tierra tan disputada, la franja del Adriático entre Venecia y Dalmacia: Trieste, Istria, las islas dálmatas… han cambiado de manos durante buena parte de su historia reciente. Una historia trágica, como me temo que va a ser la de estos dos soldados. Me parece que aquí muere hasta el apuntador. Veremos. Lo he comprado porque me interesa mucho la historia de esa región.

Historia, de Amiano Marcelino (Akal)

Lo he comprado para documentarme, porque estoy estudiando esa época ahora mismo, concretamente las invasiones godas y la batalla de Adrianópolis. Muy buena edición, y reconozco que mi debilidad son los historiadores clásicos. Me lo estoy pasando bomba, pese a que la broma me ha costado 30 eurazos (y eso que los muchachos de Akal tuitearon la semana pasada que están a favor de la cultura gratuita).

COMPRADOS

Historia, de Amiano Marcelino (Akal) ; Ciudad abierta, de Teju Cole (Acantilado); I vicerè, de Federico de Roberto (Feltrinelli).

Pues hala, a leer.

Fanáticas

Mi amigo Mario Noya ha escrito este impresionante y terrible artículo titulado “Madres de Hamás”. No puedo decir nada aparte de que me ha encogido el alma ver, una vez más, retratado tanto fanatismo, tanto odio, tanto desprecio por uno mismo y no digamos por los demás.

Me gustaría que leyeran esto los que hablan de tolerancia, apaciguamiento y alianzas de civilizaleches. Los que dicen que el islam es una religión de paz. Los que alegan “es su cultura y debemos respetarla”. Los que no se dan cuenta de que Occidente tiene que luchar con todas sus armas por su propia supervivencia, porque alguien que desprecia su propia vida como la mujer del artículo no va a pararse ante nada por eliminar a aquellos a quienes considera enemigos, a los que no ve dignos de existir: nosotros.

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Regalos únicos

Ya está aquí la Navidad. Para los cristianos este tiempo es (o debería ser) una época de alegría y fe: un tiempo para orar, meditar, estar con la familia y los amigos, hacer balance de lo bueno y malo del año… Para casi todos es, además, época de fiestas, adornos, comidas, cenas, diversión y regalos, y eso también esta muy bien, aunque no sea lo fundamental. No aguanto a los aguafiestas que se ponen a bramar contra la Navidad diciendo que es todo consumismo, un invento de los grandes almacenes, una farsa que obliga a todos a estar alegres, bla bla bla. La Navidad es como tú quieres vivirla. Y a mí me sale querer celebrar el nacimiento de Cristo con alegría, con la gente que quiero. Y una forma de demostrarles lo mucho que les agradezco estar ahí es hacerles regalos, ¿por qué no? También los Magos llevaron regalos al Niño Dios. Probablemente, los pastores también llevaron presentes al Niño y a sus padres al verles allí, solos, en un establo. Seguramente, lo poco que tenían: comida, bebida, algo para abrigar al Recién Nacido… Así que ¡bien por los regalos! Son una muestra de amor, y el que no quiera verlo así… bueno, es su problema.

Reyes Magos-Rávena

Seguro que muchos pensáis lo mismo. Y andáis ahora rompiéndoos la cabeza pensando en qué regalar a vuestros seres queridos. Por eso os quiero proponer dos regalos muy diferentes. Son sólo dos sugerencias, pero para mí son muy especiales y, por supuesto, son  parte de mis regalos de este año.

OBRA COMPLETA DE HORACIO VÁZQUEZ-RIAL

Horacio Vázquez-Rial nos dejó este año, demasiado pronto para ver cómo se completaba el proyecto de digitalización de su obra completa que los fenómenos de Pensódromo 21 están sacando adelante. Lo bueno de este proyecto es que permitirá a generaciones presentes y futuras disfrutar de la obra de Horacio, mucha de la cual se encuentra descatalogada. Y lo mejor es que podemos formar parte de este proyecto de una doble manera: como lectores y, a la vez, como impulsores, financiando la digitalización. Hay diversas modalidades para hacerlo, todas funcionan estupendamente y son un regalo estupendo que, además, durará toda la vida.

Horacio Vázquez-Rial

Aquí podéis leer más sobre este proyecto único. Y un consejo: regaladlo a vuestros seres queridos, pero también a vosotros mismos.

PULSERA FUNDACIÓN ANA CAROLINA DÍEZ MAHOU

Otra persona muy querida se ha ido este año: un ángel de dos años llamado Javi, que pese a su poca edad tocó las vidas de muchos, y cuya fuerza y la de sus padres han sido ejemplares. Ahora, ellos siguen tratando de  apoyar a otras familias como la suya a través de la Fundación Ana Carolina Díez Mahou, de la que Javi fue (y es) motor, una entidad que busca ayudar a los niños con enfermedades neoromusculares genéticas y a sus familias.

Todo el año es bueno para colaborar con la Fundación, pero para esta Navidad nos proponen una forma muy especial de hacerlo: la pulsera solidaria de María de Villota. La piloto, tras su terrible accidente, nos da un ejemplo de fuerza, superación y generosidad colaborando con la Fundación, de la que es embajadora.

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Podéis adquirir la pulsera (hay varios modelos), comercializada por Durán, haciendo clic aquí, en la web de los propios joyeros, o si preferís hacerlo en persona, en diversas direcciones de Durán que podéis consultar en la web de la Fundación o en la de María de Villota.  Y, al igual que los libros de Horacio, es un maravilloso regalo para hacer a los demás o a uno mismo.

Lecturas navideñas

¡Feliz Navidad!

Supongo que todos tenemos nuestras tradiciones navideñas: ir a Misa del Gallo, servir determinado menú, cantar los villancicos favoritos, ver la misma película todos los años… Otros pasamos la tarde, tras la pantagruélica comida (Nota: ¿Por qué celebramos estas fiestas comiendo como si el mundo fuera a acabar? Es algo que se me escapa) durmiendo tranquilamente la siesta o, como es mi caso, leyendo.

El otro día escribí para el blog de LD Libros una entrada comentando algunas de las novedades editoriales que tienen como tema la Navidad. Pero aquí, entre nosotros, os confesaré que yo, todos los años, desde que tenía 7 u 8, leo siempre en la tarde de Navidad un relato de Sherlock Holmes: El carbunclo azul.

Esta aventura, publicada originalmente, como la mayoría de relatos sobre el gran detective, en el Strand Magazine, fue incluida posteriormente en el libro Las aventuras de Sherlock Holmes (1892). Sé que no soy nada original, porque miles de holmesianos en todo el mundo tenemos la misma costumbre: leer la “aventura navideña” de Sherlock el día de Navidad o en los inmediatamente posteriores.

Esta aventura, la única de la que se menciona explicitamente que se desarrolle en época navideña, es una de mis favoritas. No ocurren en ella crímenes espeluznantes, pero en ella Sherlock Holmes muestra su personalidad más genuina, aquélla que, lejos de los estereotipos, más apreciamos los seguidores del gran detective. Así, en este breve relato Holmes muestra sus impresionantes poderes de deducción, su energía y su capacidad de acción, como de costumbre, pero también  su sentido socarrón del humor, su afición a la buena mesa, su cordialidad y respeto hacia los más humildes y su gran humanidad. Sí, Sherlock Holmes, el gran detective, el terror de los criminales, también se ve atrapado por el espíritu navideño en esta divertida y amenísima aventura. “Al fin y al cabo, ésta es la época del perdón”, concluye nuestro héroe.

No os desvelo más; recomiendo vivamente la lectura de este simpático y navideño relato, pero, sobre todo, os deseo una muy feliz Navidad y, aunque espero dejar alguna entrada más antes de que concluya el año, un dichoso y próspero Año Nuevo.

Dos vídeos

No, tranquilos, no voy a hablar del chusco y memo anuncio de una conocida marca de ropa choni que anda revolucionando la red; no pienso hacerles publicidad gratis.

Sólo quiero comentar dos vídeos que hoy me han llamado la atención por muy distintas razones.

El primero es el spot que ha grabado el presidente del Córdoba C.F., un equipo de fútbol de Segunda División que juega la próxima eliminatoria de Copa del Rey contra el Barcelona. Con poquísimos medios, ingenio y gracia han creado un vídeo promocional que logra estupendamente su objetivo, a la vez que dice, con mucha retranca y elegancia, lo que muchos pensamos sobre la independencia de Cataluña.

El segundo es todo lo contrario: un vídeo de Greenpeace en el que los muchachos del pis verde han llamado a las armas a voluntarios y simpatizantes, según dicen en su página web, para grabar este demagógico y casposísimo vídeo promocional. Pues nada, majos, si nos estamos cargando el planeta, no sé qué hacéis no retirandoos todos a vivir a la selva en una choza ecológica y a comer mandioca no transgénica, en vez de usar las sucias y miserables herramientas del capitalismo, como internet y Youtube, inventadas por gente que ¡horror! vio una oportunidad de negocio y progreso. Ah, por cierto, el vídeo no es para “concienciar” a la gente a que no contamine y recicle sus raspas de sardina para hacer compost, no, sino para pedir que se afilie y suelte la pasta. Faltaría más.

Ya contaré en otra ocasión lo que me pasó en mi lejana adolescencia con los muchachos de verde, que ese día me abrieron los ojos.