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Los libros de la(s) semana(s) (Del 18 de febrero al 3 de marzo)

Pues sí, ya son dos semanas y se me acumulan los libros, así que voy a intentar no extenderme mucho.

LEÍDOS

 The Pursuit of Italy, de David Gilmour (Penguin)

Por fin terminé uno de los libros con los que llevaba bastante tiempo. No es un libro para leer de una tacada, sobre todo si, como es mi caso, no se tienen demasiados conocimientos de la historia de Italia, especialmente de la moderna.
Hay que advertir que ésta no es una historia de Italia, o, al menos, una al uso. No se señalan aquí todos los hechos fundamentales, ni los personajes más sobresalientes. Se trata, por describirla de forma resumida, de una historia de la idea de Italia, de cómo el concepto de Italia como patria, como nación, ha ido evolucionando desde la época de los romanos hasta nuestros días. Naturalmente, se hace hincapié en la Unificación, y se analiza si ésta fue un acierto o un grave error que los italianos de hoy siguen pagando.

Es un libro ameno, documentadísimo y bien escrito. Me ha gustado especialmente la forma que tiene de desmontar tópicos, de cuestionar ideas que aparentemente se tienen como verdades intocables (la grandeza de ciertos personajes, las glorias del Risorgimento, la Italia rica y próspera del Norte desangrada por un Sur pobre y vago…). Gilmour razona y expone argumentos sólidos y convincentes, con imparcialidad, reconociendo méritos y fallos en unos y otros y manteniendo el interés del lector a lo largo de una obra extensa y  ambiciosa que pocos habrían sabido manejar.

Sólo en un par de ocasiones pierde el autor,  en parte,  esa equidistancia e imparcialidad: Cuando trata de personajes que le son especialmente queridos (Garibaldi, por ejemplo), aún reconociendo sus errores y fallos, no puede evitar contemplarlos con simpatía e indulgencia, lo que es comprensible, si bien esto chirría al contrastar con su habitual imparcialidad. Y el caso más flagrante, su manía por la Iglesia católica y su jerarquía, a la que no duda en acusar de numerosos defectos (muchos de ellos de forma justificada, bien es cierto), pero a la que no concede sus aciertos (alguno habrá tenido, digo yo, en casi dos milenios por tierras italianas) ni perdona sus fallos, como hace con sus personajes predilectos. No menciona muchas veces a la Iglesia, ciertamente, pero el tratamiento despectivo que le da destaca poderosamente en medio de una obra excelente.

Con todo, esos fallos no logran empañar un libro altamente recomendable y que incluyo ya entre mis favoritos.


¡Abajo el colejio!
, de Geoffrey Willians y Donald Searle (Impedimenta)

Uno de mis libros favoritos en inglés, por fin traducido al español. Y muy bien traducido, además. El diario de Nigel Molesworth, el terror de San Custodio, un arquetípico internado inglés, es una verdadera joya del mejor humor británico. Escrito con todas las faltas de ortografía habidas y por haber, lleno de comentarios carentes de respeto hacia directores, profesores y padres (por no hablar de los compañeros), plagado de planes a cual más absurdo para evitar clases, exámenes y demás incordios con los que los adultos, esos genios del mal, interrumpen la plácida existencia de un escolar. Con unas ilustraciones fantásticas y a la altura del texto, es imposible que este libro no haga reír. Ni siquiera el director de San Custodio podría resistirse

El lado bueno de las cosas, de Matthew Quick (DeBolsillo).

Me puse a leer este libro sin haber visto la película, lo que recomiendo. Tenía la intención de ver ésta después y comparar, y debo decir que no he podido hacerlo. Tanto el  libro como la película me han decepcionado un poco, pero por diferentes motivos. La película ha adaptado el libro de forma un tanto sui generis, modificando muchas cosas que en la novela son fundamentales, mejorando otras que me parecieron un error en el libro y cambiando mucho, demasiado quizá, a la mayor parte de los personajes.

Pero voy a juzgar el libro como tal, sin pensar en la película, y repito que me ha decepcionado. Esperaba algo más original, más profundo y, desde luego, mejor escrito. No es malo, ojo, sólo que esperaba más. Para no destripar demasiado el argumento, trata de un hombre, Pat, que sale del psiquiátrico en el que ha estado recluido una larga temporada por un trastorno bipolar. Y aquí empiezan los fallos: en mi nada experta opinión lo que tiene Pat no es un trastorno bipolar, sino ataques esporádicos de ira. Él no recuerda algunos hechos del pasado reciente, que ha bloqueado por un trauma. Sólo sabe que está separado de su mujer (por no haber sido un buen marido, según él mismo reconoce), y dedica todos sus esfuerzos a ser la clase de esposo que ella se merece y lograr que vuelva a su lado. Porque, piensa, eso es lo que pasa en las películas: el protagonista atraviesa crisis, duras pruebas y, finalmente, tras cambiar su comportamiento y lograr ser una persona mejor, recibe su recompensa: un final feliz. Y Pat considera que está viviendo la película de su vida y al final tendrá su final feliz, volver con su mujer.
La idea es prometedora, pero me temo que no da de sí todo lo que promete. Hay personajes poco trabajados, demasiadas cosas inverosímiles y por momentos se tiene la impresión de que Pat no es bipolar, ni iracundo, ni siquiera medio loco: parece un idiota o, la mayor parte del tiempo,  un adolescente especialmente memo. Al final del libro el propio Pat reconoce y explica ese comportamiento, que achaca a su enfermedad y a no haberse tomado su medicación regularmente, pero en mi opinión se debe a que el escritor no sabe muy bien cómo describir a alguien con un trastorno mental ni sabe tampoco cómo lograr que se note en una narración que alguien no está bien  de la cabeza y tiene un problema sin caer en la exageración y la distorsión.

Es un libro simpático, aunque a veces tengas ganas de abofetear al prota, lo que me fastidia especialmente cuando pienso que en la peli es Bradley Cooper, pero, sinceramente, no creo que recuerde nada de este libro dentro de dos meses. Sin pena ni gloria.

El sueño de Escipión, de Cicerón (Acantilado).

Pues todo lo contrario que el libro anterior: me ha entusiasmado. No sé si ya os he contado alguna vez que no tengo ni idea de filosofía, y no exagero. En el cole tuve un profesor nefasto, no aprendí nada y, lo que es peor, me quitó las ganas de aprender algo…hasta que he alcanzado esta provecta edad; ahora lamento no haberla estudiado antes.

Esta obrita es una verdadera maravilla. Me ha hecho pensar, reflexionar sobre mis ideas sobre el mundo y la vida, sobre lo que es importante y lo que no, y sobre la trascendencia de nuestros actos. Y creo que de eso, entre otras cosas, es de lo que trata la Filosofía, así que gracias al bueno de Cicerón por este milagro.

En este clásico, Cicerón coloca como protagonista a Publio Cornelio Escipión Emiliano, que, tras un banquete, narra a sus invitados un sueño en el que se le aparecen los espíritus de su padre, Emilio Paulo, y de su abuelo adoptivo, Escipión Africano, que le muestran cuán vanas son las glorias y la fama de este mundo, y cómo hay que aspirar a las del otro, el que nos aguarda tras la muerte. ¿Cómo alcanzarlas? ¿Qué virtudes hay que cultivar para ello, qué vicios hay que evitar? Leyendo esta breve narración lo descubrimos y vemos por qué esta obra es un auténtico clásico de la literatura y el pensamiento occidentales.

Me quiero hacer con el Comentarios al sueño de Escipión, de Macrobio, en Siruela.

Cuando acabe el invierno, de Mary Ann Clark Bremer (Periférica).

Libro que me ha hecho perder una tarde. Insufrible para mi gusto. Diario, o más bien, comentarios deslavazados de una snob que presume de gustos sencillos mientras se hace unos guantes a medida en Zurich, por ejemplo. Feminista, antisionista, y llena de superioridad moral; como es habitual en este tipo de personas, no vive de acuerdo a lo que predica.

En suma, los recuerdos pedantes e inconexos de una mujer pedante e inconexa, orgullosa de su “clase”, que se pasa medio libro hablando de que las mujeres deben sentirse libres e independientes (sobre todo no deben depender de un hombre), para acabar hablando de cómo ella, viuda, no volvió a ser feliz hasta que se casó por segunda vez.

Una pena. Me habían hablado muy bien de otro libro de esta autora que publicó anteriormente la misma editorial, pero me temo que éste no tiene nada que ver. Por cierto, escribir de forma caótica no es tener estilo; es escribir de forma caótica.

LEYENDO

Yom Kipur / El sueño de Makar, de Vladimir Korolenko (Hermida Editores).

Dos cuentos de un autor ruso desconocido para mí. Compré el libro por el título, pensando que sería una recopilación de cuentos judíos o algo similar, pero no es así. Son dos relatos ambientados en Rusia, muy breves, llenos de humor y sensibilidad a la vez, en los que se mezclan sueño, leyenda y realidad, muy bien escritas y que logran enganchar al lector. Me está gustando bastante.

Pese a que la portada es muy rara y me hacía temerme lo peor, lo cierto es que tiene sentido. Buena traducción. Un agradable descubrimiento.

Una pequeña historia de la filosofía, de Nigel Warburton (Galaxia Gutenberg)

Tratando de solucionar mi ignorancia filosófica me topé con este libro el domingo. La editorial es buena, las críticas también, y la reseña de la contraportada hacía presagiar que este libro era lo que andaba buscando…pero me temo que no va a ser así. Tiene pinta de ser muy light, excesivamente light, incluso para alguien sin conocimientos, como yo.

Voy a concederle el beneficio de la duda un par de capítulos más (voy por Boecio) antes de pasarme a otro libro más prometedor.

COMPRADOS

Sonetos, de William Shakespeare (Acantilado); La bella figura, de Beppe Severgnini (Hodder&Stoughton);  Cinco mujeres excepcionales, de James Lord (Elba), La estratagema, de Léa Cohen (Libros del Asteroide); Cuaresma con los Santos Padres, de Antonio González (Edibesa); La Teología de Joseph Ratzinger. Una introducción, de Pablo Blanco Sarto (Palabra).

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Los libros de la semana (Del 1 al 8 de febrero )

Esta semana con un poco de bastante retraso, pero allá vamos.

LEÍDOS

Las fuentes del afecto. Cuentos dublineses, de Maeve Brennan (Alfabia)

Recopilación de cuentos publicados por la autora en New Yorker y Harper’s Bazaar.

El título es un tanto engañoso, pues la ciudad de Dublín no es la gran protagonista de estas historias; salvo en unos cuantos de los relatos, el hecho de que transcurran en Dublín o no es irrelevante. Sí aparece la ciudad como telón de fondo, pero el libro se podría haber llamado igualmente “Cuentos irlandeses”, por ejemplo, porque lo que sí está presente en todo momento es el espíritu irlandés, ese algo especial que hace que, pese a tener un estilo propio y una forma de narrar muy interesante y personal, el libro me haya recordado mucho a Joyce (el de Los muertos), a Seamus O’Kelley o a Liam O’Flaherty, a los que he leído hace poco.

El libro se divide en tres bloques: el primero, de relatos autobiográficos de la autora, que recuerda su infancia en Dublín. En los otros dos los protagonistas son dos familias, los Derdon y los Bagot. El tono amable y ligero de los primeros relatos da paso a otro en el que los protagonistas revelan su vacío, su desazón ante una vida gris y un matrimonio en el que, quizá, nunca hubo amor, sólo una chispa de deseo que el egoísmo, el hastío y la rutina pronto sofocaron.

No son grandes tragedias ni dramones victorianos, “sólo” relatos muy bien escritos en los que se nos muestra a unos personajes profundamente reales: ni muy buenos ni muy malos, sólo humanos.

Un libro y una autora altamente recomendables, como comenté en el LD Libros de la semana pasada.

Virginia Woolf, de Michèle Glazier y Bernard Ciccolini (Impedimenta)

Una biografía muy original de Virginia Woolf, en forma de cómic. Llego a ella gracias a la reseña de Carmen Carbonell en LD Libros (aquí, desde el minuto 22:50, aunque el resto del programa es también muy recomendable). Nunca me ha conseguido gustar lo poco que he leído de la escritora, pero me parece muy interesante su vida (lo que no quiere decir que me guste). Este cómic constituye una buena aproximación que, ciertamente, te deja con ganas de saber más de ella y de los integrantes de su círculo de amigos, el muy progre “Grupo de Bloomsbury”.

Los dibujos no son especialmente impresionantes, según mi opinión: hay dibujantes que me gustan más, pero creo que el estilo se adapta bien a la vida turbulenta de Virginia Woolf, a sus dramas, su enfermedad, su desasosiego. Sí es bonito ese aire de haber sido hechos a la acuarela, que les otorga un encanto especial. En cuanto al texto, evidentemente no puede profundizar demasiado, pero creo que ahí radica su mérito, en dejar al lector con ganas de saber más. Personalmente, me parece un tanto discutible que se hayan escogido una serie de anécdotas de la biografía de Woolf un tanto irrelevantes por el mero hecho de que se refieran a Francia (país de los autores del libro). Salvo por ese detalle, me parece bastante objetivo y, pese a que en la vida de Virginia Woolf hubo mucho de escabroso, los autores consiguen narrar esos aspectos sin resultar morbosos, con bastante elegancia.

La frontera, de Franco Vegliani (Minúscula)

En realidad lo terminé la semana pasada, pero como no hubo entrada en el blog, lo incluyo ahora. Es una obra desasosegante, en la que se entrecruzan las vidas de dos soldados italianos, uno de la Primera Guerra Mundial y otro de la Segunda. Ambos son originarios de la misma región, entre Friuli e Istria, que el autor, Vegliani, conocía bien por ser nativo de Trieste.

El drama de los habitantes de esa región es indudable; simples peones en manos de venecianos, austrohúngaros, Napoleón, piamonteses, italianos, yugoeslavos… Y además con la “ayuda” de las potencias europeas, que negociaron con su pertenencia a uno o a otro país por meros criterios estratégicos.

Emidio Orlich, soldado triestino en el ejército austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial, ve cómo su vida, que parecía correr por raíles bien establecidos, cambia radicalmente con la guerra: descubre el amor, la pasión, el miedo y, sobre todo, cuestiona su propio patriotismo cuando conoce a un soldado eslavo de otra compañía que es detenido por traición. Mirado con suspicacia por superiores y compañeros de armas por el hecho de ser italoparlante, Emidio deberá tomar una terrible decisión que tendrá trágicas consecuencias.

Años después, en plena Segunda Guerra Mundial, su historia es rememorada por su tío, el viejo pescador istriano Simeone que, en la Dalmacia ocupada por Italia, explica a un soldado italiano la trágica historia de Emidio, pues cree adivinar que entre ambos soldados hay más coincidencias de lo que parece.

Un clásico de la literatura triestina que conmueve y desasosiega; sin embargo, no sé si porque influye la traducción, que no me convence, el estilo del autor no me acaba de enganchar: tiende mucho a anticipar lo que va a suceder a continuación , insinuando más que contando, con lo que se carga toda posible sorpresa. Indudablemente, si su objetivo era crear una tensión agobiante en el lector y ganas de sacudir al a ratos muy cansino protagonista, lo logra con creces. Con todo, en mi opinión, notable.

LEYENDO

The Pursuit of Italy, de David Gilmour (Penguin)

Lenta, pero sin pausa, sigo avanzando en este libro estupendo. Pese a las salvedades que comenté la última vez que hablé de él, es un libro que considero imprescindible para cualquier interesado en la historia de Italia en general y de su “unificación” en particular.  Durante esta semana he podido leer como desmonta mitos, expone las miserias de los “grandes hombres” del Risorgimento y narra la “unificación” como lo que realmente fue: una anexión-absorción por parte del Piamonte. Ahora estoy con la época de Mussolini, al que está repartiendo estopa a base de bien, pero, con su ecuanimidad habitual (salvo cuando se trata de la Iglesia -para mal- y de algunos de sus personajes favoritos -para bien) señala también que el Duce no fue, ni mucho menos, un monstruo a la altura de Hitler, Lenin o Stalin. Cada cosa lo que sea. Exagerar y comparar lleva a deformar la realidad y a escribir una historia irreal.

Espero acabarlo esta semana.

Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson (Minúscula)

Un sorprendente cuento sobre dos hermanas que viven en una mansión en medio de un bosque, aisladas voluntariamente de los habitantes del pueblo vecino, que las odian y temen. ¿Por qué iban a odiar a dos jóvenes bellas, ricas y alegres? Porque seis años atrás toda la familia de las muchachas, salvo su anciano tío Julian, que quedó con graves secuelas, murió asesinada, envenenada con arsénico, al parecer por la hija mayor, Constance.

La historia nos la narra Mary Katherine, Merricat, la hija menor superviviente de la tragedia, una adolescente enigmática y diferente, que trata de proteger a su hermana Constance y a sí misma del odio de sus vecinos y de cualquier cambio que perturbe su existencia con una serie de amuletos, rituales y pensamientos de lo más peculiar.

Inquietante, divertida, dramática y espeluznante a ratos, este libro es todo un descubrimiento. A punto de terminarla.

Miguel Ángel. Obra completa, de William E. Wallace (Electa)

Espectacular volumen, por tamaño y calidad. Fotos excelentes de las obras del gran Miguel Ángel, analizadas y comentadas por William E. Wallace, gran conocedor de su obra. Incluye una amena, si bien breve, introducción biográfica. Ágil, accesible y rigurosa. Indudablemente, hay obras dedicadas a un público más experto en las que se realiza un análisis mucho más profundo y extenso, pero este libro constituye una buena obra de referencia y una adecuada introducción a la obra del genio florentino.

Ya he terminado con la escultura, ahora a por la pintura.

COMPRADOS

The Politically Incorrect Guide to the Presidents, de Steven F.Hayward (Regnery);  María Estuardo, de Stefan Zweig (Acantilado); Nazi, komm raus, de Christian Springer (Herbig); Classical Art, de Mary Beard y John Henderson (OUP); Historia criminal del comunismo, de Fernando Díaz Villanueva; Verano en English  Creek, de Ivan Doig (Libros del Asteroide)…